Manual de uso para los 37. Por Moisés Campos.

No, no es mentira: programo en mi agenda seis horas para dormir. No es porque se me olvide, sino para cuidar celosamente las horas de sueño. ¿Por qué? Porque a esta edad cualquier disturbio termina en un eccema que enrojece mis manos y que ha comenzado a aparecer en varias partes de mi cuerpo.

He iniciado la inquietante necesidad de mantenerme ocupado, como lo he hecho casi siempre. En esto encuentro la conciencia de que sigo vivo. A veces no alcanza el tiempo o la energía para leer, pero la biblioteca sigue creciendo para cuando haya tiempo sea un deporte de resistencia.

Intento no acumular, pero la ropa, objetos, que servirán en un futuro; monedas, películas en DVD, y papelería; con la cual siempre me siento bien el tener de más, seguramente mi niño interior se siente feliz.

Aunque mi trabajo es ridículamente fácil aún me pregunto al despertar si me da la reverenda gana de ir hacerlo, la pereza lo puede todo, hasta lo absurdamente irrelevante, lo maneja como imposición. Este soy yo frente al espejo, frente a las dietas y esos intentos fallidos de iniciarme en el gimnasio; frente a las prescripciones de mis antidepresivos, frente al control de peso, frente a la prediabetes que es de herencia hispana.

Tiendo despertar con la molestia de presentarme frente a mis obligaciones, el trabajo, por ejemplo. Aunque soy afortunado, aún me causa esa necesidad de estar 5 minutos más en cama, o de tomarse el día, luego recuerdo las deudas y el ciclo sigue en vida. Postergar es de mis virtudes más validas, le encuentro un millar de supuestos a algo que se resuelve en 5 minutos; en lo que nunca dudo es hacer respetar mis derechos.

Se pronostica calor intenso en estos días por estos lares. Aunque la ciudad en sí ya es un caos, el pozole de cumpleaños no será impedimento: por odioso que parezca el caldo en pleno calor, es uno de los recuerdos más bonitos de mi infancia. Mientras esto sucede, el mundo sigue con su giro: cambio climático, el fenómeno del Niño, las madres que siguen buscando a sus hijos, un gobierno de la libertad que separa familias y, del otro lado, la democracia puesta en duda.

Y así, con todo esto a cuestas, llego a estos 37: tranquilo, despejado, con esa necesidad del día a día. Al final, cumplir años ya no se trata de pedir deseos al soplar una vela, sino de aprender a sostener el fuego sin quemarme las manos. Feliz Cumpleaños para mí.

 

0 Shares:
You May Also Like
Leer más

ESLAMALEZA

Es el llamado saaaaalvaje que emerge de las entrañas de la tierra, re-moviendo, re-volviendo, en una apuesta por…

2