La cazadora… por Ivan Diaz Acevedo

Ella no camina delicadamente por las calles, No… Ella no siente piedad por el asfalto que atrincheran las suelas de sus zapatos. Ella no suspira… ni llora, no es una brisa que se desplome finamente en una tarde de verano. No, ella no… Ella marcha como los soldados, ella pasa y se escuchan los tambores que rememoran a los jinetes del apocalipsis, no, ella no es un soplido, ella es el tifón y la marea.

Ella habla y se podría jurar que los ángeles cantan una rapsodia sobre el origen de la maldad en el paraíso. Se viste como el ébano y se pinta los labios de carmín. No parece princesa de cuento de hadas, no, ella luce como un encantamiento adornado con la pretensión de ser poema.

Ella es la cazadora, la que se proclama como Artemisa protectora de todo lo que se considera sagrado y precioso en el mundo. No, ella… ella no es la paz, ni la benevolencia, ella es el fuego que arde y se enciende con vehemencia… Es el rayo en una noche de tormenta. Y si nombre es destino, ella es la guerra que se gesta entre la dualidad que lleva inscrita en la frente.

Ella es la Bikina, la que se mira fija al espejo cada noche esperando recuperar la fe que le arrebataron, la que odia esas voces del pasado que le gritan que regrese, ¡que se rinda!… Ella es el abismo que se esconde en sus ojos, y la desesperación que le consume a la hora de dormir.

Es la guerrera que no se rinde, la sombra que se desvanece cada noche y se vuelve cerrada para abrazar al nuevo día.

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