Canto matinal por Javier Arroyo

Elude la tenue voz su canto. Un alarido que

no es igual

al del desaparecido.

Kilos de tierra sobre ellos sostienen este país

que una vez fue erigido

sobre un lago. Hoy seco como la dura nuez

que se desploma

del nogal

como aquellas cabezas.

Las lágrimas se han encargado

de regar los campos. La lluvia

hace tiempo que se fue al norte.

Elude la tenue voz su llanto

que no es escuchado

pues el ruido del hacha

lo ensordece.

Caminantes sin rostro avanzan hacia la súplica estéril

hacia el rechazo insonoro

del rugir sosegado del cañón. ¡Cállense! Se oye

decir al viento con el aroma

del cuero tiznado.

Elude la tenue voz su existencia inútil

al voraz agazapado rapaz dirigente.

Verdugos muchos los que

señalan con ley en mano que la mentira

es la verdad. Lo natural.

Elude la tenue voz su caminar necio

al fruto maduro

a esa tierra inexistente

que se evapora cada cuanto

se le antoja. Pero todo se olvida

con el chocante ¡Viva México!

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