Elude la tenue voz su canto. Un alarido que
no es igual
al del desaparecido.
Kilos de tierra sobre ellos sostienen este país
que una vez fue erigido
sobre un lago. Hoy seco como la dura nuez
que se desploma
del nogal
como aquellas cabezas.
Las lágrimas se han encargado
de regar los campos. La lluvia
hace tiempo que se fue al norte.
Elude la tenue voz su llanto
que no es escuchado
pues el ruido del hacha
lo ensordece.
Caminantes sin rostro avanzan hacia la súplica estéril
hacia el rechazo insonoro
del rugir sosegado del cañón. ¡Cállense! Se oye
decir al viento con el aroma
del cuero tiznado.
Elude la tenue voz su existencia inútil
al voraz agazapado rapaz dirigente.
Verdugos muchos los que
señalan con ley en mano que la mentira
es la verdad. Lo natural.
Elude la tenue voz su caminar necio
al fruto maduro
a esa tierra inexistente
que se evapora cada cuanto
se le antoja. Pero todo se olvida
con el chocante ¡Viva México!