Celos por C. Malagón

Mis inseguridades me devoran todo el tiempo,

me susurran al oído todo lo que está pasando o

lo que ellas consideran necesario.

Soy un insecto luchando en la telaraña.

Los miedos se me adhieren a la piel,

mis sentimientos se vuelcan

y los pensamientos parecen cuchillas.

La carne me pudre, la sangre me hierve,

mis palabras son veneno.

El fuego se vuelve hielo y el hielo quema.

Mi cuerpo se confunde,

mis piernas quieren largarse,

mis brazos tocarte,

mis labios besarte y mi corazón olvidarte.

 

¿Quién le dio un nombre a esto?

¿Quién supo lo que sentía?

Es enfermizo y noble a la vez.

Una virtud y un desdén.

 

¿Cómo poder seguir amando después de que ha llegado?

Si has entrado por la puerta,

sal por la ventana y no indagues en mi hogar,

no ensucies mi casa con tus pies llenos de lodo,

no te sientes en la sala con tu falsa compañía

y por favor cuando te marches

asegúrate que todo lo que has dicho no es real.

 

 

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