CASA DE GEISHAS por César Bringas

“El término «prostitución» proviene del latín prostitutio,

que tiene el mismo significado que el actual

y que a su vez proviene de otro término latino, prostituere,

que significa literalmente

'exhibir para la venta.”

Wikipedia.org

 

La historia se sabía de boca a boca. Con el tiempo pasaría a ser una leyenda urbana que contaban las señoras en los salones de belleza de la capital. Algo dicho por uno y repetido por alguien más. Las buenas consciencias decían que no podía ser y que todo eran rumores mal intencionados de la competencia, o de gente sin talento o, peor aún, resentidos sociales. Todo el rumor ligado a la más importante televisora de América Latina.

En 2016 el exproductor Mario LaFonteine, en entrevista con Sanjuana Martínez habló públicamente de ello: el burdel más grande de México se llama Televisa. Y la historia dejó de ser un simple bulo para convertirse en una realidad más tangible, difícil de negar.

En 2017 en un documental para Netflix, Kate del Castillo contó sobre de las fiestas especiales para ejecutivos, publicistas, políticos y empresarios a donde obligaban a las actrices y a los actores con mayor fama y galanura a participar.  Aunque después se desdiría de lo dicho en diversas entrevistas, quizá por temor a represalias.

A finales de la década de los setenta, cansado de que los melodramas estuvieran siempre protagonizados por Verónica Castro y Lucía Méndez, Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa ideó el proyecto Centro de Capacitación Artística (CEA) primero como un taller de actuación llamado originalmente “El teatrito” y manejado por Martha Zavaleta,  después funcionaría como una escuela especializada donde los alumnos pudieran aprender actuación, canto, baile y otras artes histriónicas, todo armado por Víctor O´Farril.  De esa primera tanda de alumnos saldrían gente que después marcarían a una generación: Érika Buenfil, Edith González, Yuri, Guillermo Capetillo, Eduardo Palomo. Con el tiempo habría entre los pasillos del CEA, como padrinos de los estudiantes, hombres tan siniestros como Raúl Velasco, Sergio Andrade o Paco Stanley.

Un montón de adolescentes a disposición de personas que probarían con creces ser grandes depredadores.

 

Y el bulo comienza a gestarse. El chisme siempre vivo.

En la lengua de saliva caliente se contaba

con una boca pegada a otra boca pegada a otra boca  

pegada

 

Que para triunfar en el CEA había que tener un padrino, un amigo bien posicionado en Televisa, que garantizara un protagónico, o mínimo un papel secundario. Todo pasa por la oficina de Víctor O´Farril, donde se dice que había una suite con cama especial para los castings. En su momento de mayor poder era secreto a voces que O´Farril mantenía una relación simultanea con Victoria Ruffo, Lourdes Munguía, Érika Buenfil, Salma Hayek y Bibi Gaytán. Adela Noriega y su romance con El Tigre Azcárraga era otro secreto sobre la mesa.

Las fiestas en Acapulco son la mascara y el arma de doble filo y de doble moral donde las alumnas del CEA se encontraban con los ejecutivos y empresarios, pero no sólo eran chicas, Ernesto Alonso despliega sus conexiones y poder en la emprensa para conseguir que a Acapulco lleguen chicos como Sebastián Rulli, Eduardo Yáñez y Ernesto Laguardia. De acuerdo a LaFontaine en las fiestas no había cocaína en un espejo en la mesa de centro, sino que todo pasaba en secreto, bajo el agua, para que nadie “supiera” “conociera” o dejara huella de lo que pasaba ahí. De esas fiestas los actores y actrices regresaban con un padrino de alto poder y un papel protagónico, en el mejor de los casos con un contrato de exclusividad. Los que acudían a esas fiestas formaban un grupo selecto del CEA de donde salieron nombres colocados por Televisa en el espectáculo, se dice que Emilio Azcárraga movió sus influencias para que Adriana Abascal consiguiera ser Miss Universo, cosa que casi logra. Como dijo LaFontaine de la prostitución sexual a la prostitución artística hay sólo un paso.

Es entonces que comienza a cobrar fama el supuesto catalogo donde la otrora todo poderosa Televisa ofrecía a sus estrellas ya no sólo en el ámbito local de ejecutivos, sino también con políticos. Sabido por todos es que varios maestros del CEA acudieron durante sexenios a la residencia oficial de Los Pinos para asesorar a los gabinetes. Y la relación de Televisa con la política comienza a gestarse y cobrar fuerza. Adela Noriega deja al Tigre Azcárraga y pasa a ser amante de Carlos Salinas de Gortari. Entre gallos y media noche Érika Buenfil tiene un hijo secreto con el primogénito de Ernesto Zedillo. Edith González mantiene una aventura con Santiago Creel, de la que también nacerá una niña: Constanza. Todo esto hasta terminar encumbrando un nombre de manera pública y con un plan muy detallado: Angélica Rivera “La Gaviota”, es la primera actriz de Televisa, exalumna del CEA, en llegar a primera dama y regresar al PRI al poder después de doce años fuera de Los Pinos. A partir de ella se fija un modelo especifico de actriz que estará al lado de un político de prometedor futuro:

 

Blanca, rubia, de preferencia natural, ojos claros

mujeres en definitiva que no parecieran mexicanas

pero de baja estatura, para que no opacaran

a los bajitos políticos mexicanos, presidentes incluidos.

 

Ludwika Paleta y Anahí son las siguientes actrices en convertirse en esposas de políticos, Emiliano Salinas y Manuel Velasco son los elegidos por el PRI para los matrimonios, ambos sonaban como posibles candidatos del partido para competir por la presidencia de la república en 2018. Velasco ganó la gobernatura de Chiapas de la mano de Anahí, quien fue un fenómeno de masas con la novela Rebelde y el grupo musical RBD.

No es difícil entender la relación PRI-Televisa, a fin de cuentas, ambas instituciones llevan en el país el mismo tiempo, y por el mismo tiempo controlaron el destino de la nación. Mientras el Tigre Azcárraga afirmaba hacer televisión para jodidos, Carlos Salinas de Gortari firmaba el Tratado de Libre Comercio, que “llevaría a México al primer mundo”. Desde los escenarios de Televisa se intentaba aplacar y controlar la opinión sobre la revuelta indígena de los zapatistas en el noventa y cuatro, mientras Salinas se comía las uñas de nervios.

Pero el rumorado catalogo y lo que, se dice, aún hacen con los alumnos del CEA, han manchado para siempre la imagen de la que fuera la televisora más importante de América Latina. La caída estrepitosa del PRI en las elecciones del 2018 precipitó la caída de Televisa. Sólo este año han tenido perdidas millonarias en publicidad, han caído en la bolsa y los accionistas se miran unos a otros preocupados. Varios actores, actrices y conductores de programas han perdido los contratos de exclusividad que tenían con la televisora, la misma ya no puede imaginar pagar millonarias indemnizaciones como la que, se dijo, permitió a Angélica Rivera comprar su famosa Casa Blanca.

El movimiento #Metoo promovió los testimonios de víctimas de acoso sexual en la industria del espectáculo en Estados Unidos, en México el movimiento ha tenido mayor repercusión en otras esferas como la de la literatura, la academia y el cine independiente, pero pocas exactrices de Televisa se han atrevido a hablar públicamente de lo sucedido en su pasado y quizá se lleven el secreto con ellas a la tumba, justo como lo hicieron los hombres que comenzaron todo esto.

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