Cobra Verde: La última cruzada de la explosiva (pero genial) dupla Herzog-Kinski. Por César Ruiz, Flámina Films.

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Al momento de adentrarse en el maravilloso mundo del cine e ir revisando su  historia, es común  encontrarse (en muchas ocasiones) con “mancuernas” que se han formado entre la figura del director de cine y el actor estelar, como una “simbiosis”, que sirven para potencializar a niveles superlativos el trabajo de ambas partes; como si de sinónimos se tratasen. Entre estas duplas sonarán mancuernas legendarias como :  Fellini-Mastroianni, Scorsese-De Niro, Kurosawa-Mifune, Fernández-Armendáriz, Bergman-Von Sydow, Burton-Deep, entre muchísimas otras…Tal vez, ninguna sea tan legendaria como la formada por el dúo que componían el director Werner Herzog y el actor Klaus Kinski, no solamente por las cinco grandísimas obras que nos entregaron (“Aguirre la ira de Dios”, “La tragedia de Franz Woyzeck”, “Nosferatu el vampiro”, “Fitzcarraldo” y nuestra película de hoy:  Cobra Verde”); sino  además, por su fuerte relación detrás de cámaras; una relación que iba del amor al odio, de los elogios hasta los insultos y amenazas. Al final de cuentas, estos alemanes terminaron siendo como el ying y el yang; necesitándose mutuamente para poder existir. Entre las anécdotas que se cuentan de este par, existe aquella donde durante el rodaje de “Aguirre la ira de Dios”, un frustrado Kinski a causa de no aprenderse sus diálogos, derivó su enojo en insultos a un ayudante de cámara y exigió a Herzog que lo despidiera. Obviamente Herzog  se negó; por tanto,  Kinski amenazó con irse…  Cuando se estaba marchando, Herzog tomó un rifle y dijo a Kinski:  “si te vas, al cruzar el canal tendrás ocho balas en la espalda y la novena será para mí”. También se destaca cuando Kinski en una entrevista comentó: “yo trabajo con él porque está loco, de otra manera no lo haría”.

Klaus Kinski fue uno de los grandes actores del cine europeo y mundial, reconocido por participar sobretodo en las obras de Werner Herzog y en algunos Spaghetti Western, entre otras; dotado de una energía sorprendente dentro y fuera del escenario, con la cual era capaz de llevar a sus personajes a límites pocas veces vistos. Se caracterizaba por un temperamento agresivo y egocéntrico;  también por incumplir contratos a causa de peleas con directores, productores, equipo técnico, etc y caracterizarse por ejemplificar el caos total. Parece ser que el único que logró “domarlo” (y eso a medias) fue Werner Herzog. Respecto al cine,  Kisnki nos dejó algunas curiosas declaraciones: “Estaría en el teatro, pero no deja suficiente dinero; soy una prostituta, hago estas mierdas por dinero”. ¡Una personalidad! para bien o para mal, sin lugar a duda.

El reconocido director Werner Herzog ( para algunos el mejor cineasta alemán de la historia), ha llevado su obra a niveles extremos al filmar en locaciones naturales muchas veces casi imposibles, como cuando hizo que subieran un barco por una montaña de la Selva Amazónica, durante el rodaje de “Fitzcarraldo”; o al incorporar numerosos animales silvestres  en la mítica escena del final de “Aguirre la ira de Dios”, donde observamos a Aguirre (interpretado justamente por Klaus Kinski) en pie, sobre la balsa, únicamente acompañado por decenas de monos. Pero no es un cineasta extremo solamente en cuanto a lo que a locaciones se refiere, a la forma; sino que también maneja un fondo verdaderamente sustancial: fuerte, significativo, e incluso, catártico; ya que entre los mensajes que aborda, podemos destacar el  estúpido y banal “deseo de poder” (tan inherente al ser humano): esa avaricia que lo mueve y que termina por deshumanizar irónicamente al individuo mismo, haciendo que caiga presa de sus instintos más primarios (odio, miedo, etc.), sin poder escapar de la futilidad de un destino que ellos mismos se han forjado en su avaricia. Estos temas los podemos ver claramente expresados en tres obras de la dupla Herzog-Kinski: “Aguirre la ira de Dios”, “Fitzcarraldo” y nuestra citada “Cobra Verde”; también aparecen   la marginación y abandono que puede sufrir un individuo hasta el punto de quebrar su resistencia, como en la famosa tragedia de Franz Woyzeck (otra genialidad de Herzog-Kinski). No podemos dejar de lado su interés por filmar diversos grupos étnicos con sus tradiciones y algunas veces con sus problemáticas y realidades más crudas: ese es Werner Herzog, un director que llega al extremo para plasmar su visión de la existencia humana misma, con sus vicios y virtudes. Detenernos, en los porqués de esta relación, al explorar (aunque sea brevemente) a Kinski y Herzog:  era sumamente necesario para entender la obra con todo este cúmulo de visiones, anécdotas, talento y violencia.

Al hablar propiamente ya de “Cobra Verde”, una producción del año 1987, que narra la historia del bandido brasileño Francisco Manuel Da Silva (Klaus Kinski), mejor conocido como “Cobra Verde”, quien se la pasa causando temor entre los pueblos cercanos debido a su ferocidad, (Kinski , una vez más hace gala de toda su destreza actoral, ya que vemos a “Cobra Verde” como un individuo verdaderamente peligroso, absorto en sus pensamientos y sin ninguna muestra de empatía o misericordia). Esto se mantiene así hasta que finalmente, en un intento por violar a una esclava conoce a Octavio Coutinho, dueño de una plantación azucarera, quien lo invita a trabajar con él como supervisor de esclavos: aquí, una vez más, Herzog nos muestra lo que él denomina “verdad poética”, ya que por medio de las imágenes podemos observar cómo es la triste existencia de los esclavos en las plantaciones; siendo particularmente fuerte una escena en la cual un esclavo pierde la mano a causa de la maquinaria, ante la indiferencia de “Cobra Verde” y el hipócrita apuro del tirano Octavio Coutinho, quien solamente ve en el hecho la pérdida de una “mano de obra” (macabra alegoría).  Así es como transcurre el tiempo en las plantaciones y “Cobra Verde” (fiel a sus bajos instintos) deja embarazadas a las hijas de Coutinho, por lo que este (como represalia) decide enviarlo a comerciar esclavos en las costas de África Occidental, donde ningún hombre blanco, en muchos años, ha tenido suerte y ni siquiera ha regresado con vida. Una vez ahí, “Cobra Verde” se ve envuelto en las tradiciones locales, las disputas entre tribus y varios problemas; no obstante las dificultades, sobrevive y se hace de un lugar. Aquí destacaré, sin lugar a dudas, una escena donde “Cobra Verde”,  liderando a un grupo de mujeres rebeldes ataca el Palacio del  Rey Tirano, secuencia donde podemos ver a ese Kinski brutal y enérgico liderando la batalla y pateando “la sagrada” serpiente,  al momento que grita “en mi país yo era una serpiente”  (escena que por el contexto y la frase, podemos traducir como el triunfo de la voluntad humana sobre el pensamiento mítico); posteriormente vemos como “Cobra Verde” se vuelve prácticamente amo y señor del lugar, siendo un gran traficante de esclavos (si es que un esclavista puede ser grande). Resuena aquí una secuencia donde nuestro protagonista ofrece a un oficial sexo con una mujer esclava: puede escoger la que quiera del grupo. Nuestro protagonista, sin embargo, no toma ninguna y dice una frase bastante interesante: “estamos creando a nuestras futuras asesinas” (frase que podríamos interpretar como la futura caída de varios antiguos regímenes en pos de una sociedad más justa y humana, al verse hartados muchos sectores de la sociedad, por la barbarie de unos cuantos privilegiados). El camino de “Cobra Verde” sigue así hasta que es notificado acerca de que la esclavitud ha sido abolida, por lo que su medio de vida ha dejado de existir. Un oficial brasileño que lo acompaña, en una emotiva escena, comenta: “La esclavitud ha sido el peor error de la humanidad” y nuestro protagonista contesta: “no ha sido un error, ha sido un crimen”. Posterior a esto vemos a un Francisco Manuel agotado, destrozado física y espiritualmente,  llegando a un bote en la costa de la playa, intentando moverlo hacia mar adentro, pero no teniendo la fuerza necesaria… resbalando en la arena, siendo sacudido en repetidas ocasiones por las olas: todo esto ante la mirada en la lejanía de un hombre negro que sufre de polio. Es aquí donde la película termina, con un mensaje tan fuerte como la misma cinta: “algún día los esclavos venderán a sus amos y se echarán a volar…”.

Así culmina una serie de colaboraciones entre director y actor (Kinski moriría cuatro años después). En  este último filme, podemos observar el mensaje poético y crítico (siempre tan reflexivo y fuerte) de su autor; así como tal vez al único intérprete que gracias a su locura y energía, podía llevarlo a cabo.

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