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De gritos y otros clamores Por Mariana Perea

Datos curioso: no existe un registro oficial del Grito de Dolores; sin embargo, hay (cuando menos) seis versiones tempranas y sí, cada una tiene pequeñas variaciones. Aún no había país y ya los grupos políticos se estaban apropiando del Grito para llevar agua a su molino (parece que desde entonces se ha vuelto tradición presidencial) ¡favor que nos hubiere hecho el cura Hidalgo dejando por escrito su versión! Pero ese es el quid de asunto ¿no? Por los primeros gritos podemos afirmar que el propósito del párroco de Dolores no fue lograr la independencia de los reinos novohispanos.

Sí, está bien escrito: reinos. Esta es el problema con la educación oficialista en México, se nos adoctrina con muchas ideas, entre ellas que “se vivía bajo el yugo del dominio español”. Hagamos un preámbulo para aclarar lo de reinos y para que no sorprenda el ¡viva Fernando VII! que resonó aquel 16 de septiembre de 1810 en la versión original.

En 1808 Napoleón Bonaparte decidió pasar por España en su rumbo a Portugal, trayendo consigo a su hermano José “el Pepe Botella” Bonaparte para dejarlo como rey de la corona hispana. El valientísimo monarca en turno, Carlos IV de España, abdicó en favor de su hijo, Fernando VII, antes de ser llevado a unas obligadas vacaciones permanentes en París; y el recién llegado monarca, fue forzado a renunciar en favor del Bonaparte menos famoso. Esto fue el punto culminante de una crisis de proporciones continentales, pues tanto en la península, en las Américas y en las Filipinas surgió la pregunta “¿obedecer a un monarca extranjero e ilegítimo?”.

Para resolver la cuestión y, siguiendo la tradición hispana, se convocó a Cortes en la ciudad de Cádiz, cada reino mandó diputados. Aclaremos algo, ¿aquello que nosotros llamamos virreinatos? Bueno, ésas eran entidades qué, bajo la autoridad del rey, se mantenían autónomas de las otras partes conformantes de la hacienda real. Así, resolvían situaciones de manera local y sólo acudían a instancias superiores -en el caso de la Nueva España, el Consejo de Indias y el rey- sólo cuando los asuntos se salían de sus competencias. Pero regresemos a la Cortes; éstas sucedieron como alternativa al gobierno francés y el 24 de septiembre de 1810 se proclamaron como depositarias de la autoridad real esperando el retorno del legítimo monarca. Además, siguiendo las modas de las época empezaron los trabajos para la redacción de una Constitución que regulara el pacto entre el monarca y sus súbditos.

Entonces ¿Por qué un cura criollo clamó por un levantamiento en la Nueva España tan sólo 8 días antes? A la par de las tempestades porque pasaba la vida política en la península, en la Nueva España también se vivían tiempos convulsos. Tan sólo dos años antes, el virrey José de Iturrigaray había sido acusado de querer proclamarse rey de la Nueva España, fue apresado y llevado a Cádiz para ser juzgado por un grupo de realistas cuyo nombre era Los patriotas de Fernando VII; después fue nombrado virrey Francisco Xavier de Lizana y Beaumont. Bajo su mandato fue descubierta una conspiración independentista en la ciudad de Valladolid y los involucrados apresados, pero jamás ajusticiados.

Como es costumbre en los grupos humanos, ponerse de acuerdo, siempre ha sido difícil, sucedió igual entre los conspiradores de Querétaro. Mientras que algunos eran partidarios de la independencia del virreinato, otros optaban por depositar la autoridad real de manera local ansiando el regreso de Fernando VII, caso del cura Miguel Hidalgo. Con lo cual retornamos al grito de Dolores en 1810 y el inhóspito ¡viva Fernando VII! tan poco recordado en nuestros días por la historia mexicana.

Luego del grito en Dolores, inició un movimiento desigual que en 1814 cambió definitivamente de rumbo cuando el tan ansiado Fernando VII regresó del exilo y acorde a esa tan socorrida tradición de prometer, pero no cumplir, no juró la Constitución escrita en las Cortes de Cádiz y proclamada en 1812. Once años después de aquel 16 de septiembre se firmó una declaración que nos determinó como una nación independiente de la corona hispana.

No me queda duda, la historia adquiere sentido al contarse en retrospectiva. El Grito de Dolores se volvió la celebración de nuestra independencia en 1825, si bien esa no fue la intención del párroco Hidalgo, sus acciones representaron a posteriori el comienzo del cambio que vivían en esa época. A Fernando VII no jurar la Constitución de 1812 le costó varios virreinatos, ¿qué le cuesta a nuestro presidente trasgredir nuestra Constitución?

Este año, el presidente López Obrador decidió agregar algunas ¡viva…! (cosa nada novedosa) a las ya usuales: “vivan las comunidades indígenas, la grandeza cultura del pueblo mexicano, la libertad, la justicia, la democracia, la soberanía, la fraternidad universal, el amor al prójimo, la esperanza en el porvenir” …las últimas dos parecen algo que gritaría un sacerdote y no un presidente, tiste ironía para quién encabeza el ejecutivo de un Estado laico.

Es sarcasmo gritar ¡viva México! cuando México está sumido en crisis de todo tipo: económica, social, de seguridad y de salud. Es burla proclamar ¡viva el pueblo mexicano! cuando 71 mil 678 mexicanos han muerto a causa de coronavirus y, en lugar de dar dinero para comprar equipo médico, das boletos para una rifa cuyo fin es comprar dicho ajuar. Es socarronería exclamar ¡viva la justicia! cuando la mayoría de los delitos quedan impunes y se hacen “consultas” para perseguir crímenes. Es sorna rugir ¡viva la soberanía! cuando por cumplir un tratado trasnacional agredes al mismo pueblo que juraste defender. Es sátira bramar ¡viva la democracia! cuando persigues a todos quiénes se oponen y criticar tus acciones como gobierno.

¡Qué vivan quiénes nos dieron Patria! ¡Qué VIVAN! No sólo hace 210 años, 150, 100, 50 o 20…que vivan quiénes hoy se parten el alma por hacer Patria. Quiénes escriben, dicen, lucha, reclaman, protestan, limpian, pintan, cantan, cuentan, inventan, descubren, curan, protegen, defienden. Vivamos los millones de mexicanos que creemos en la democracia, en la libertad, en nuestra Nación. La lucha por lograr el país que soñamos no es cosa del pasado, es de hoy y de todos los días; para nosotros no existe “la llama de la esperanza” (habrá que decirle a MORENA que ellos no son la última coca en el desierto) porque nosotros no esperamos. Quiénes transformamos nuestra realidad no nos andan con dichos, nos plantamos firmes y tomamos al toro por los cuernos, pues quiénes hacen Patria actúan mientras que aquellos quiénes (sólo) dicen hacer Patria, nada hacen.

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