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El afecto obsoleto II. Suplementos amorosos Por Ricardo Yépez

Los primates gregarios, como tú y como yo, necesitamos afecto para nuestra existencia, eso es indiscutible. Estudiosos (como Edward T. Hall) dicen que otros estudiosos han comprobado que nuestros primos hermanos pueden llegar a morir en aislamiento, sin que le haga falta otra cosa que el contacto físico y el acicalamiento en grupo con otros de sus semejantes.

Aunque nuestra especie de primates pretenciosos ha llegado a “inventar” la ‘independencia afectiva’, este concepto es tan aberrante que sólo en nuestros tiempos de relaciones humanas tan fragmentadas puede ser visto como viable.

 

Y cómo quieres que te quiera…

“Para querer a alguien, primero hay que quererse uno”, reza una frase muy común en nuestras conversaciones; sin embargo, nadie puede dar afecto si antes no ha recibido cariño.

En un estudio poco riguroso, nada metódico y muy espontaneo, le pregunté a mis amigos más cercanos estas tres preguntas: ¿sabes pedir cariño?, ¿sabes dar cariño? A algunos de ellos estas preguntas ya les causaron cierta ansiedad porque efectivamente, al mantener las muestras de afecto implícitas (al parecer es una de las reglas de esas interacciones), es decir: “si te lo tengo que pedir ya no lo quiero”, nuestro manejo de dichas muestras y la valoración adecuada de ellas ya nos resulta engorroso porque nos hemos vuelto sociedades e individuos de conocimiento formalizado, o sea que las cosas que sabemos las conocemos bajo especificaciones ridículas como las indicaciones de un manual de aparatos electrónicos o de cómo armar un mueble.

Lo ridículo de esta formalización del conocimiento es evidente en los instructivos de Julio Cortázar. Fuera de lo literario, hoy en día el gobierno da diplomas a mujeres golpeadas para que se protejan de sus abusadores con el papelito.

Sin llegar a relaciones tan perjudiciales, la modernidad ha instaurado a las nuevas generaciones en el distanciamiento emocional y hasta se habla entre los psicopedagogos, como si fuera una tendencia de twiter, de los discapacitados emocionales.

Aunque no es que las generaciones de “una nalgada a tiempo” sepan o haya sabido quererse mutuamente sin efectos colaterales. Debemos revisar las diferentes herramientas que tenemos para querernos entre nosotros.

 

Todo empieza con un saludo

Si bien, las muestras de afecto van más allá de las simples palabras en nuestras relaciones más significativas, en todas nuestras relaciones, gran parte de la carga afectiva de nuestras interacciones recaen sobre nuestros actos de habla.

Incluso en las relaciones más duraderas, más robustas o nutridas gran parte de la afectividad brindado va sobre bandeja lingüística.

Incluso los vocativos para mantener el contacto o asegurarse de mantener el canal de comunicación abierto corresponden a los gritos de otros primates o al perímetro establecido entre un grupo de primates para mantenerse seguros en contacto constante.

“Ola ke ase” deviene así en una ramillete verbal, o un detalle para asegurarnos de que seguimos en contacto afectivo, ya la categoría de afecto al que corresponde depende de ti juzgarlo.

 

Dieta básica y suplementos

Hay quien dice que necesitamos de al menos cuatro abrazos al día para nuestra salud emocional. ¿Ya los has recibido hoy? Si no es así, recibe ocho a la distancia y úsalos a discreción.

Fans, ganado, seguidores, cogiamigos, “rumis” y más tipos de nuevas relaciones afectivas nos han traído las nuevas tecnologías y sus usos sociales. ¿Qué otra se me ha escapado? Relaciones tan novedosas que siguen bajo escrutinio de los moralistas y con abuso por los inmorales.

“El streamer no es tu amigo”, se apresuran a juzgar varios por redes sociales, pero se olvidan de que buscan encasirllar una nueva relación dentro de categorías vetustas por poco o mucho que tengan en relación. Bastan quince minutos para ver como algunos seguidores regalan dinero a sus creadores de contenido favoritos, esto les parece aberrante a otros y los llaman rápido “simps”, por simples o llanos, una categoría formada por un prejuicio para aquellos tachados de personas aburridas y faltas de cariño; por cierto, a algunos streamers, sino es que a todos, se les tacha de faltos de atención; a menos que ganen mucho dinero, porque como sabemos, ser exitoso en este sistema lo perdona todo.

Por otra parte, empiezan a aparcer perfiles de IA que simulan una persona real en Instagram, que responden a sus seguidores o hasta “establecen relaciones” con ellos.

Boomers y gen x no estaban exentos de establecer relaciones con personajes ficticios o famosos con quienes no tenían ningún vínculo real, pero vamos que eso ya es tan arcaico que ni tiene caso discutir sobre ello.

Personalmente siempre me encariñé más con el personaje que con el actor, sigo recordando con cariño a, la abogada soltera que busca pareja como la desciben en Futurama, Ally McBeal, sin embargo la actriz, Calista Flockhart, quien daba vida al personaje no me ha agradado en otros papeles.

El afecto, al igual que la sed, encuentra ya una variedad de opciones en el mercado, sin embargo hay algunas formas que debería de venir con etiquetados claros por lo menos.

Sin embargo, incluso en las formas más mercantiles, los dominantes siguen pidiendo actos de habla de sus contrapartes para exhibir el “afecto recibido” que podría ayudarles a monetizar su producto: “Dale like y deja el comentario abajo.

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