Soy un corazón, el corazón de un hombre.
Vivo buscando la muerte por mi gran carencia de motivo, de mi propósito como corazón, soy un corazón sin propósito, un corazón que rastrea espectros de humo que dejan las cenizas de las flores. Flores podridas, flores negadas y llenas de miseria.
Vivo para morir, vivo para causarle la muerte al que me arranco de su pecho, cuando palpite y el sienta que yo vivo. Pues por más que desease, ahora no podría palpitar, por más que quisiese.
Hace mucho que aquel hombre me saco de su pecho y me tiro, negándome, rechazando mi propósito y mi naturaleza, corrompiéndome y volviéndome lo que soy, desde aquel día, soy un ser errante, un ser lúgubre, carente de motivo, carente de función.
Yo soy el que ahora siente el pesar. De mis venas crecen laureles, que arranco cada día, pues no soy Apolo, para llorar a la amada que perdí, mi pecho está lleno, lleno de cenizas que dejan las rosas que jamás le daré.
soy incapaz de sentir, algo que no sea…
Dolor.
