This mural, La Bamba, by Hector Ponce is on Van Nuys Boulevard and Amboy Avenue. An unveiling of the Ritchie Valens Memorial Highway will take place on Aug. 25 at Ritchie Valens Park in Pacoima. The newly named highway stretch is located on the I-5 freeway between state Routes 170 and 118 freeways. (Photo by Dean Musgrove, Los Angeles Daily News/SCNG)

PARA SIEMPRE, RITCHIE Por: Lucía Guadalupe Cruz Carlos

 

Para mi papá Gonzalo Cruz, que siempre

me enseñó lo mejor de dos mundos y por mostrarme

lo cool que es el rock and roll.

 

 

No recuerdo la edad exacta que tenía cuando mi papá y yo veíamos la película de “La Bamba”, sí, como el Son Jarocho, una película que puede ser multirracial -por así decirlo-, hollywoodense, protagonizada por un filipino, que cuenta historia de un músico con raíces mexicanas, un músico de nombre Richard Valenzuela, mejor conocido como: Ritchie Valens.

 

Originario de Pacoima, Ritchie Valens, fue uno de los primeros latinos que abrió las puertas en el mercado anglosajón. Con pleno apogeo durante la primera mitad del siglo XX, unos años donde se intensificaba la mano de obra mexicana en los campos de California, Nebraska o Colorado, gracias a los braceros, la movilidad de toda una cultura se hacía notar a través del idioma, el color de piel y por supuesto la música.

 

Más allá de tener una película, Valens fue un pionero, “La Bamba” una canción de dominio público, típica de la costa del Golfo de México, específicamente de Veracruz, Ritchie la hizo suya, dándole un toque rock and roll, y haciéndola tan propia para toda una generación, desde entonces hasta nuestros días. Tal vez sin ella,  Bruce Springsteen jamás hubiera hecho el cruce con “Twist and shout” en Buenos Aires allá por 1988.

 

Eran finales de los años 50’s, Valens era un adolescente, pero no era como todos los demás, estaba siendo descubierto, su sueño se estaba volviendo realidad, un joven de raíces mexicanas que escuchaba blues y R&B, un joven que colocaba en las listas de popularidad estadounidenses una canción típica mexicana y totalmente en español.

 

Valens,  no sólo fue La Bamba, o Donna, está la pegadiza Come On Let’s Go, o la romántica We Belmont Together, con una corta carrera Ritchie,  se volvió un ícono multicultural rompiendo cualquier barrera que la raza representara, poniendo a los braceros, a los chicanos y por supuesto a los latinos en el mapa.

 

El día de su muerte es mundialmente conocido como “el día que la música murió”, a la edad de 17 años, Ritchie Valens viajaba al lado de los grandes Buddy Holly y The Big Bopper, cuando un accidente aéreo, terminó con la creciente carrera de estos tres grandes músicos. Sus legados han inspirado decenas de documentales, conciertos, e incluso canciones, como una de las más famosas American Pie, compuesta e interpretada por el cantante de música folk Don McLean, que ha sido versionada por el cantante country Garth Brooks y la reina del pop Madonna.

 

Ritchie, representa esos millones de latinos, de los migrantes, de los que tienen ciudadanía, o los que están en el trámite de su green card y de los dreamers. Ritchie es los murales de Judy Baca, las letras de Reyna Grande, Valens es la gente de México, la gente de Estados Unidos. Sin Ritchie tal vez no tendríamos un Carlos Santana, un Javier Batiz, Los Lobos, o hasta una César Chávez. Nada hubiera sido lo mismo sin el Golden Boy del rock and roll. Su vida fue corta, pero sin duda su existencia será legendaria, en la historia de la música para la eternidad.

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