Pureza Por Patita Rasgada

                                                                                                         31/10/16

Para mi hijo William:

Mi querido hijo, se que te frustra el hecho de nunca haber conocido a tu madre,  eras muy pequeño como para saber lo que pasaba y ahora que tienes 18 años y que eres un adulto responsable, te pido que entiendas, mi dolor, más allá de verme como tu padre, te pido me veas como un hombre, que amo a una mujer con tanta fuerza, como se pudo, un hombre que metió todas las cartas legales para que no fuese deportada a su país de origen, país bajo una constante guerra civil donde fue forzada a volver y donde yo sabía, que nunca la volvería a ver, una mujer que te amo con todo su ser y que aun si no estaba presente, quería estar siempre contigo, te quiero hacer llegar esta carta, por que como padre se, que no se ha sanado tu corazón, lo veo en tu forma de escribir, en como hablas con la gente, incluso en tu forma de caminar.

Tu madre fue una mujer, muy valiente, atrevida y apasionada, amaba el arte en todo sentido la música, la pintura, la danza y la escritura. Tres días antes de que partiera definitivamente, escribió en un cuento para ti, un cuento que te solía leerte cuando eras niño, tal vez no lo recuerdas, por eso he decidido escribirte la primera copia, aun después de 15 años, lo sigo recordando, pues la copia original, se perdió:

Erase una vez, un príncipe de una tierra lejana, que vivía solo en su palacio de hierro, un príncipe que veía a las aves ir y venir por su ventana, un príncipe que las veía ponerse en pares en la rama.

El príncipe arto de su soledad quiso intentar volar, para ver si así, encontraba a algún similar -he de volar, volar y en los cielos a alguien he de encontrar- decía el príncipe determinado.

El príncipe de su balcón de hierro salto, pero en plena caída el veía que no se podía elevar, creía que este fin le iba a tocar, pero una mujer, con alas de cobre lo pudo alcanzar y salvar.

El príncipe asombrado, una vez que esta mujer lo bajo, su nombre quiso preguntarle, pero la mujer, algo apurada, decía que con prisa debía regresar y jamás volver a regresar.

El astuto príncipe entonces, con astucia unas palabras soltó -si decides jamás volver, eso ya lo veré, pues de mi balcón, mañana otra vez saltare- la mujer de alas de cobre le observo y con cierta furia a su lado permaneció y platicaron y platicaron y platicaron, duraron años en esa platica.

Y se enamoraron, en el bosque, lejos del castillo y del cielo se casaron y vieron el tiempo pasar, el invierno irse y llegar, hasta que decidieron una semilla plantar.

Semilla de cual un pequeño ángel nació y el príncipe del palacio de hierro y su esposa, la mujer de alas de cobre vivieron plácidamente, hasta que un día, una tormenta del cielo cayo.

Dos ángeles entonces bajaron, uno de alas de plomo, otro con alas de latón. Amenazaron a la esposa del príncipe, si no se iba con ellos a librar una lucha en el cielo, asesinarían a su hijo, ella acepto retirarse, pero antes de hacerlo con una de sus plumas, su cabello corto y a su hijo se lo dio.

El príncipe, con un gran dolor quedo, pero al menos, solo ya no.”

Tu madre y yo te amamos, con todo lo que es humanamente posible, te escribió esta historia, para que tuvieras presente su historia y para que nunca olvidaras, lo mucho que valías para ella, tanto que hubiera dado la vida por ti, sin importar que, por mi parte, te mando esta carta, junto con este cuento, para que puedas perdonarla, por que la obligaron a irse de tu lado y espero que con este conocimiento, puedas aprender a amar y a dejar salir el dolor de tantos años.

                           

 

  -Eres lo mas importante para mí, desde el fondo de mi corazón, tu padre.

 

 

 

 

 

 

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