Pequeña, nunca sabrás cuantos ”hubiera” nos han revoloteado la cabeza desde tu partida, como consuelos, plegarias, esperanzas o advertencias, todos fallidos: ¿Y si te hubieras quedado en casa? ¿Y si hubieran llegado a tiempo por ti? ¿Y si te hubieran resguardado en el colegio?
Ojalá pudiéramos convencer a tu madre de que no fue culpable por retrasarse, por cometer un error humano. Así pasaran horas, debías permanecer ahí.
Decirle que no se arrepienta de no haberte enseñado a desconfiar, que a tus siete años no imaginabas que el mal no es lo que veías en películas animadas sino lo que sucede al dar la mano a alguien desconocido.
Ni la escuela o los maestros, ni tu madre o la autoridad, nadie podía salvarte de las manos de aquellos que te dañaron, como no nos salvarán a las demás. Tal vez en vez de “Fátima”, leeríamos Renata, Andrea, Gabriela o Ingrid en los periódicos o redes sociales. Te habrían arrebatado de su lado en la calle, quizá ahora resonaría el nombre de ambas en los medios. Lo mismo un martes que un viernes, hoy o mañana. No importando la hora, el lugar, la ropa o las miradas desvíadas, incómodas, silenciosas.
Vivimos en un país donde impera la injusticia, donde lamentablemente, con el paso de los días, olvidaremos tu caso y tu carita, hasta que tengamos que recordar los de alguna otra. Volveremos a marchar, pintar, destruir todo, otra vez en vano, bajo las burlas y críticas, bajo la minimización. ¿Cuántas más y hasta cuándo? Desafortunadamente, suena a retórica.
Fátima, nos declaramos culpables. Perdónanos.
Por el silencio y la permisión
Por la normalización y la cobardía
Por la ineptitud y la indiferencia
Por la impunidad y el regocijo.
No pudimos cumplirte esa promesa de que nosotras te protegeríamos. Porque no todas estamos en el barco, porque tenemos que “ver para creer”, porque el miedo grita más fuerte que la conciencia, porque el dinero vale mas que la vida.
Te traicionamos, te entregamos, te corrompimos, te fallamos.
Ninguna pena máxima nos hará olvidar que bastan veinte minutos para perder todo lo que se tiene.