Cerró el festival, el único evento al que podíamos presumir abarrotado dentro de la edición 47 del Festival Internacional Cervantino en Guanajuato. Regresaba el hijo adoptado y muy prodigioso de Guanajuato, Javier Camarena concluía un sueño que sin lugar a duda mas de uno, tenemos cuando nos queremos dedicar a la artisteada.
Nos tocó formarnos dos horas antes y con esa premura la fila rodeaba a la emblemática Alhóndiga de Granaditas, lugar que nos recuerda la tragedia que simbolizo la toma de la ciudad por los insurgentes un 28 de septiembre de 1810 y en cuyas esquinas colgaron las cabezas de Hidalgo, Aldama, Allende y Jimenes, bajaba la calle que se topa con el mercado y después se dirigía hasta el templo de Belén.
Valió la pena cada segundo que esperamos, ya que sin duda el concierto estaba programado como un reconocimiento a Canadá y al Estado de Guerrero, en primera estancia un repertorio en francés para conmemorar uno de los idiomas oficiales del país invitado, Preludio a Carmen de Bizet, de la multipremiada y reconocida Ah mes amis, quel jour de fète de Donizzeti, obra que le dio apertura al tenor Mexicano Javier Camarena en el MET del Nueva York; y de Gounod Je veux vivre de Romeo et Juliette.
No era para menos ovacionar al tenor que inundado de humildad veía culminado un sueño, que como el dice, durante su estancia en la Universidad de Guanajuato, soñó en múltiples ocasiones cerrar un festival de la talla de lo que fue el Festival Cervantino. Javier Camarena inicia su carrera artística hace 15 años, en el Palacio de Bellas Artes, donde según platica pasaba una temporada de grandes carencias económicas y el nacimiento de su hija ese mismo año detono el camino de éxitos que estaba por deslumbrarse.
La carrera de Javier Camarena no es efímera ni mucho menos espontanea, es el cúmulo de dificultades, carencias, mucho trabajo y talento. Lo que nunca ha cambiado según los testimonios de varios de sus profesores es que su carisma y su humildad lo han identificado en todo el mundo. Para este pequeño fanático de su carrera, fue una de las más grandes experiencias que contar a los nietos.
Ah mes amis, quel jour de fète de Donizzeti fue a apertura al concierto, la orquesta conducida por Ivan Lopez Reynoso, un guanajuatense que en años de infancia su familia lo llevaba a la orquesta vestido de etiqueta con una pequeña batuta, lo que era un juego en aquel entonces hoy se celebra como un gran director y una carrera que crece. Regresando al concierto, Donizzeti se identifica como uno de los grandes del Bel Canto, opera que se distingue por sus dificultades técnicas y sus notas altas que simboliza para muchos tenemos el inicio de sus carreras antes de agravar con los años su voz.
Esta pieza que le dio en marzo del 2016 a Javier Camarena al convertirse en el segundo cantante más ovacionado en el MET de Nueva York. Escucharla en vivo con la Orquesta Filarmónica de Acapulco fue todo un deleite, no pudieron faltar las lagrimas que simbolizan el sueño que culmina entre muchos de sus fanáticos que nos dimos cita esa noche.
El programa estaba acompañado por la soprano Mexiquense Karen Gardeazabal quien con su potente voz nos recordó lo mucho que esperábamos un concierto que lograra reunir la exigencia de la música de concierto y la popular. En este concierto nos recodaron lo mucho que se puede conjugar lo clásico y el repertorio que escuchamos a diario o que forma parte de nuestra identidad colectiva.
El programa continuo con un repertorio italiano, en el cual nos divertimos coreando la canción Funiculli Funiculà donde el tenor nos invito a ser parte del concierto quien en varias ocasiones interactuó con el publico quien le respondía de manera eufórica.
La cereza en ese gran pastel fue el popurrí que interpreto en homenaje al Príncipe de la Canción, José José, de una sola secuencia lograron unir Volcán, Gavilán o Paloma, Lo que no Fue lo será, Lo Pasado, Pasado y el Triste; donde coreamos, recordamos y disfrutamos los arreglos que el maestro Omar Guzmán había preparado para esa noche.
La noche cayo y un concierto se extendió hasta los pasados 150 minutos, la gente pedía mas y el tenor complació, cerrando el concierto con la emblemática aria Nesum Dorma de la ópera Turandot de Puccini. El concierto simbolizo para muchos uno de los mejores espectáculos de la 47 edición del Festival que en tiempo de austeridad se viralizo la pequeña programación que conformo el FIC.