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Alto circo barroco por Rebeca Lsp

GabrielMorales/ArchivofotoFIC2019

El final de la última semana cervantina llega a la puerta y nunca dejo de pensar que lo hace demasiado rápido. La conciencia de estar en la recta final me llegó mientras arribaba al Auditorio del Estado percatándome de que estaba asistiendo al último evento del grandísimo recinto. Con precoz tristeza dirigí mis pasos hasta mi asiento y esperé entre butacas vacías, cuyo estado, a estas alturas del festival, ya no sorprenden a casi nadie.

A la tercera llamada le sigue el inicio de una música de cuerdas (Las cuatro estaciones, de Vivaldi), que transporta a épocas más lentas, donde el estrés era cosa de pocos y el esparcimiento tenía, casi siempre, implicaciones bohemias. Los músicos avanzan desde la entrada para el público hasta el escenario, donde se dispersan entre la escenografía de aire tabernero y circense. El evento se llama Seasons y es montado por la compañía teatral barcelonesa Ensemble Le Tendre Amour, bajo la promesa de un despliegue de artes circenses asombrosas por ocurrir.

No sólo se trata de malabares y acrobacias aislados, pues detrás está la historia del cuidador del lugar, quien, molesto con los personajes salidos de una pintura barroca para irrumpir en su área de trabajo, sufre toda la función sus travesuras y averíos. A veces la escena resulta caricaturesca y fantástica por la musicalización barroca con tonos circenses, pero las maniobras están muy lejos del estándar callejero de los semáforos o artistas ambulantes; aquí hay una calidad que profesionaliza la labor de este tipo de artistas muchas veces infravalorados; un ejemplo de ello es el acto del aro donde una chica consigue danzar dentro de él en movimiento, logrando alcanzar velocidades vertiginosas y armar figuras en suma líricas.

Los músicos comparten escena con los actores y ayudan a ornamentar la escenografía. A mitad del evento, un músico empieza a tocar un clavecín, pieza distintiva para el cuadro de época, que los otros pasean por el escenario reubicándolo según la ambientación requerida. Otro rasgo peculiar es que los actores no hablan, no existe diálogo alguno más que balbuceos y se dan a entender a través de la entonación, recurso básico actualmente para los actores circenses y clowns.

La obra también se nutre con la comedia física bien desarrollada, pues más adelante un par de acróbatas en bicicleta consiguieron la simpatía y el aplauso del público sin ni siquiera haber llegado a la mitad de su rutina, ofreciendo imágenes tan extraordinarias como la de una pequeña mujer de pie sobre los hombros del joven que pedaleaba. Hubo maniobras de alto riesgo, como ésta y como el momento en que dos chicas hicieron danza aérea con telas azules y vaporosas simulando agua en armonía fluida y relajante.

Aunque hay momentos donde no se sabe muy bien qué es lo que pasa, la obra resulta muy entretenida para todos, sin importar la edad, y demuestra que las artes circenses merecen ser consideradas dentro del ámbito de la “alta cultura”.

Ensemble Le Tendre Amour
Seasons
24, 25 y 26 de octubre de 2019
Auditorio del Estado

Fotografía: cortesía FIC

 

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