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Voz de la angustia, humana voz por Joan Carel

ClaudiaReyes/ArchivofotoFIC2019

¿Puede el amor ser motivo de angustia? El problema es que nadie sabe qué es el amor. La psicología contemporánea –así como lo han ensayado las grandes novelas posmodernas–, desde hace mucho estudia los fenómenos amorosos y ha ido acuñando términos, tan aclamados en el presente, como “relación sana”; sin embargo, por más que analice “objetivamente” los patrones y prescriba conductas, lejos está todavía de definir algo tan incierto como el mismo ser.

Sentimiento o pasión, ¿a cuál de los dos se parece el amor? En los versos tan socorridos cuando de explicar lo inexplicable se trata, el amor es a veces uno y tantas veces ambos. Según la sabiduría popular y las aproximaciones poéticas, el primero refiere a la estabilidad, a la armonía, a la decisión “madura” de compartir el sacrificio y el bienestar; la segunda, en cambio, es arrojo, es impulso, es vehemencia casi siempre fatal, mas ésta, aunque haya quien lo niegue, es el origen del primero y el cimiento de las historias que jamás se han de olvidar.

Aunque letal, la pasión es valiente, frecuentemente destructiva, cierto, pero valiente. ¿Es que acaso el amor no es también una apuesta temeraria, un acto de fe? Euforia, histeria, llanto, grito, voz… eso es para Jean Cocteau y Francis Poulenc el amor. La voix humaine, ópera compuesta durante la primera mitad del siglo veintiuno, además de catarsis liberadora sobre los dramas personales de sus creadores, es el reflejo de un amor desfalleciente convertido en fatídica y errante pasión.

Una mujer vestida de negro, sola, en una habitación inmensa y blanca, cual manicomio, espera al pie de una cama el timbre de un teléfono. Por todo el espacio, un manojo de hilos rojos, extensiones del cable o tal vez de sus pensamientos, conforman una enorme telaraña de la que ella es presa: “me volvía loca de tanto ver el teléfono, de esperarte y no hacer más que caminar”. Al principio, no es claro si el interlocutor volverá pronto o si está lejos, pero, conforme transcurre el tiempo, se hace evidente que la angustia es espantosa porque justo en ese momento reina el final.

“No he podido dormir, he estado mal… desperté sin ti, sentí que no podía vivir más … revivo cuando estás cerca, muero de miedo cuando te vas”. La mujer ha tomado somníferos, doce, aunque el recuento de las acciones previas está velado por la vergüenza, mas luego se confiesan ante el pánico del abandono: “doce, con agua caliente, para dormir sin soñar, sin despertar”.

Un día entero transcurre de madrugada a madrugada. El horizonte en la ventana muestra el paso de las nubes sobre la ciudad y la conversación se prolonga en un monólogo eterno, a veces tierno, otras nostálgico, pero siempre, en el fondo, estridente y desgarrador. “Estúpida, ridícula”, dice la mujer de sí hundida en la desesperación, asumiendo con dolor su propia culpa, su hazaña: “quise tener una loca felicidad, decidí tener valor”.

Angustia por el rompimiento inminente es lo que motiva el aferrarse a esta absurda llamada, pues, tarde o temprano, ha de terminar. “Eres paciente, pero yo sufro”, exclama en ensordecedor agudo, “porque este hilo es lo único que nos une… creo que hablamos como siempre, pero luego la realidad vuelve… antes podíamos recordar las promesas, abrazarnos… con este aparato lo acabado se acabó”.

Una noche oscura hay en su corazón y en su mente, porque esta larga conversación no ha sido más que una sala de espera. Ella agradece la bondad de aquel hombre al otro lado de la bocina, quien permanece por compasión. El hilo escarlata rodea su cuello, “tu voz alrededor de mi cuello” y, cual Moira de su propio destino, le bastan unas tijeras para dar muerte a su alma en nombre del amor.

Nada mejor que la ópera podría representar tan idóneamente esta pasión incomprendida. María Katzarava canta al borde del abismo sonoro creado por el piano de Abdiel Vázquez. “Te amo, te amo, te amo…” exhala con su último aliento y roja es la luz que llena el espacio, como la sangre, como la lucha, como el amor. Quizá los sanos, esos que a la valentía le llaman locura, son enfermos cobardes refugiados en el recuerdo de una historia que nunca fue, seres inhumanos que huyen de su pasión.

María Katzarava y Abdiel Vázquez
La voix humaine
25 de octubre de 2019
Teatro Juárez

Fotografía: cortesía FIC

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