Mis inseguridades me devoran todo el tiempo,
me susurran al oído todo lo que está pasando o
lo que ellas consideran necesario.
Soy un insecto luchando en la telaraña.
Los miedos se me adhieren a la piel,
mis sentimientos se vuelcan
y los pensamientos parecen cuchillas.
La carne me pudre, la sangre me hierve,
mis palabras son veneno.
El fuego se vuelve hielo y el hielo quema.
Mi cuerpo se confunde,
mis piernas quieren largarse,
mis brazos tocarte,
mis labios besarte y mi corazón olvidarte.
¿Quién le dio un nombre a esto?
¿Quién supo lo que sentía?
Es enfermizo y noble a la vez.
Una virtud y un desdén.
¿Cómo poder seguir amando después de que ha llegado?
Si has entrado por la puerta,
sal por la ventana y no indagues en mi hogar,
no ensucies mi casa con tus pies llenos de lodo,
no te sientes en la sala con tu falsa compañía
y por favor cuando te marches
asegúrate que todo lo que has dicho no es real.