InventarioSin nombre

Delicate Por: José Luis Zorrilla Sánchez

Suena Delicate de Damian Rice de fondo. Podría irme corriendo a otra ciudad, buscarla y pedirle que nos besemos toda la noche, escondidos en la oscuridad. Quién sabe, puede que estos días haya experimentado lo mismo y la noche anterior se durmió escuchando esa canción que nunca oímos juntos y en su mente pasaron un montón de escenarios que no vivimos.

No lo voy a negar, este tipo de sensaciones me gustan, es un motivo para recordar que sigo vivo y no me he convertido en un robot, pero me desconciertan, sobre todo en estos tiempos donde la soledad física es necesaria y no entiendo las nuevas formas de relacionarme ni siquiera con gente con la que convivo a diario o con los que ya tenía una relación establecida. Puede ser que lo que busque, sea algo más de mi interior que una persona en sí misma, puede que lo busque es el sentido de compartir un sentimiento con otro, de no ahogarme solo en el vacío. Nadar hasta el fondo de una canción melancólica y salir flotando juntos de ese sentimiento. El otro día; por ejemplo, fui a la estética después de casi 6 meses y aún no descifro si tuve un crush con la persona que me cortó el cabello o fue un ataque de ansiedad social. El corazón se me salía y apenas podía respirar, la cercanía de su cuerpo me incomodaba o mínimo me ponía a sudar. Recuerdo que las ocasiones anteriores me parecía una persona atractiva pero no pasaba de eso. El corazón se ha vuelto fuerte en algunos aspectos y en otros vive en una cuerda floja.

La palabra distancia, (de por sí ya era un concepto complicado y triste para algunas ocasiones) tomó unas dimensiones muy diferentes a las que estaba acostumbrado, incluso he sentido que a veces tengo un distanciamiento emocional de mi propia persona. Antes, cuando la música me recordaba alguien o algo que me ponía mal, bastaba con ponerles la misma canción a unos amigos y compartir el sentimiento era una manera de apaciguarlo. Ahora tengo que conformarme con soñar esto y contarle el sueño si acaso, se nos arrebataron las formas de conciliar el desahogo emocional con los que ya éramos cercanos

Desde la preparatoria no me quedaba dormido viendo el techo y escuchando la misma canción por horas. No quiero perderme, aunque tampoco siento que realmente me esté perdiendo, supongo que sólo es delicado, tal vez encuentre eso que siento que pierdo a veces al fondo de una canción, una liberación emocional propia. Lo peor de todo sería sentir que he perdido las oportunidades, lo cual no es así, pero en medio de toda esta incertidumbre, no dejo de preguntarme cuáles son las oportunidades que quedan.

Me la paso buscando palabras con las cuales llenar como pueda esta angustia, interacciones que se puedan acercar mínimamente a lo que tenías antes. Buscar comienza a cansarme, el aislamiento emocional resulta tácticamente más conveniente para sobrellevar mi existencia, pero sé que no lo soporto en realidad, sólo necesito con quien compartir el pedacito de una canción. La gran pregunta es qué pasará cuando esto acabe, en un caso hipotético. Puede que mi corazón caiga de la cuerda o decida aventarse por voluntad propia. Quizás la cuerda se rompa por sí misma.

 

José Luis Zorrilla Sánchez, @JoseLZorrillaS (1997, Irapuato); es un estudiante medio flojo de la licenciatura en Letras Españolas por parte de la UG. De revoltoso corazón y espíritu greñudo, ha pasado por las antologías “Circulos de Agua” y “Las Avenidas del Cielo” y como becario del sistema INTERFAZ y del Seminario Para Las Letras Guanajuatenses. Después de viajes escribiendo en alocados OXXO’s y pelearse la cabellera contra la terrible página en blanco, trata de sobrevivir la cuarentena escribiendo reflexiones x y escuchando a otros en su podcast La Pipa de Chihiro

 

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