Dos poemas de Karen Cano

1

 

Existen varias formas de mutilarlos,
mi favorita siempre estará relacionada
con los labios vaginales.
No tengo dientes ahí abajo,
ni tengo lengua,
ni hablo,
pero basta una succión pequeña
y como pájaros desorientados, 
sorprendidos,
quedan encerrados en la jaula pequeña y caliente
qué hay dentro de mi.
Ellos aletean,
se agitan,
se rehusan a morir prisioneros sobre mi vientre,
y yo que soy madre me conduelo,
y yo que soy tonta los perdono,
por groseros
por necios
por tercos
los libero a cambio de unos cuantos besos 
y jamás regresan 
ni tampoco quiero.

 

 

2

 

Yo cuido rosales,
seres de agua y de luz y de tierra,
que nacen del fango
y se mueren, felices, en él.

Que pierden brazos y los reponen
en la primavera,
que buscan el sol como el bien.

Yo cuido rosales,
que escuchan mi canto,
nunca se van y duermen temprano,
no deben,
no pueden dejarme,
alegran la casa,
me llenan de orgullo.

Cuando exhalan perfuman el viento,
cuando crecen lo llenan de colores,
y con ello me piden disculpas
por si algún día sus espinas me pinchan los dedos.

Yo cuido rosales,
porque ellos sí saben,
que los hijos que tenía antes de quererlos,
o están en la tumba o están en la cárcel.

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