El caimán por Fukuro Tsuitachi

 — ¡Debemos detenerlos! —dijo Pedro —esos inmigrantes, no pueden invadir nuestro país. Es normal tener miedo al agua turbia del río pensó, nunca se sabe lo que pueda traer.

—Algún día volveremos a nuestra tierra —decía su padre sonriendo.

Pedro Hernández nunca se había sentido extranjero, él había nacido ahí. Y contempló con recelo el torrente de seres humanos que venían hacia el pueblo como si las aguas del río se hubieran salido y ahora corrieran sobre el puente.

Y observó un niño que lloraba como su padre en la fotografía de periódico. Y la recriminación surgió de la mirada de su abuelo en aquella imagen como el caimán bajo las aguas que había devorado a su tío

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