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Glow por Esteba Govea

En fecha reciente se estrenó la tercera temporada de la serie Glow, uno de los pocos “originales de Netflix” que todavía cumplen con las expectativas de su público. Y es que, desde su primera temporada, esta tragicomedia ha sabido equilibrar bastante bien ambas partes de la ecuación: El drama, por un lado, y la comedia.

            Para los que no conozcan la trama, Glow toma su nombre de un programa de televisión sobre las Gorgeous Ladies Of Wrestling (bellas damas de la lucha), una alternativa femenina al popularísimo deporte de la lucha libre gringa, llena de personajes exagerados (y bastante racistas) y tramas complicadas y absurdas que van desenvolviéndose a lo largo de los encuentros de lucha.

            Pero el drama en sí se centra en algunas de las chicas que, por distintas razones, terminan terminan en el show. Ruth, una de las protagonistas, es una actriz desesperada que no ha tenido ninguna oportunidad importante y que debe pagar las cuentas. Su amiga Debbie es, por otro lado, una actriz de mediano éxito ahora venida a menos. Otra de las personajes viene de una familia de luchadores varones y quiere probarles y probarse a sí misma que puede dedicarse a este deporte. Otra más es la entrenadora física del grupo, y llegó para hacerse cargo de la seguridad de todas, dada su experiencia como doble de riesgo en películas y series de televisión. Además de las chicas, tenemos a Sam, el director, una ex promesa de Hollywood que el tiempo y el negocio han vuelto un tipo cínico y amargado, en espera de su próxima gran oportunidad; y a Sebastian, o “Bash”, el productor, heredero de una familia millonaria y ansioso por probar que puede ser un hombre de negocios.

            La serie está ambientada en los años ochenta, así que podemos esperar una buena dosis de sátira política y social, sobre todo críticas al racismo, la misoginia, la xenofobia y la homofobia, que aunque siguen lejos de ser reliquias del pasado, hoy por lo menos son llamadas por su nombre y denunciadas como tales.

            También, afortunadamente, podemos esperar una buena banda sonora.

            Glow, alterna, pues, entre el drama relativo a la producción misma del programa (cambios de horario, productores acosadores, problemas con las cadenas de televisión, etcétera) y el drama relacionado con las personas que, delante o detrás de cámaras, hacen posible el programa (triángulos amorosos, revelaciones incómodas, egos, culpas, hay de todo) y, a decir, verdad, lo hace bastante bien. El guion es definitivamente uno de los puntos fuertes de esta serie, en cuyos capítulos podemos encontrar un tratamiento sutil y original de algunos temas, como cuando cierto personaje descubre su verdadera orientación sexual, o cuando otra de las personajes decide hacerse un aborto. No es sensiblera ni moralizante, ni presenta héroes ni villanos, sino gente que a veces, con las mejores intenciones o no tanto, la caga monumentalmente.

            Pero no todo es azotado, porque hay una muy buena dosis de humor, ya que el concepto mismo del show da para una parodia constante. Como dato curioso, existió de hecho un programa llamado Glow, con el mismo concepto, durante los años ochenta, que sirve de referencia, inspiración y base a esta serie.

            Se trata, pues, de una serie muy recomendable y relativamente corta (diez capítulos por temporada), con personajes entrañables y divertidos..

 

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Esteban Govea (1988) es un poeta, narrador y guionista guanajuatense radicado en la Ciudad de México desde 2006. Es licenciado y maestro en filosofía por la UNAM, con especialidad en estética. Estudió guion de cine en el CCC. Es autor de Sexto sol, La música cósmica y La poética robot, todos ellos disponibles en Amazon.

 

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