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Historia de un matrimonio: ¡Instant Classic! Por: César Ruiz, de Flámina Films.

El año pasado, “Historia de un matrimonio” fue una película que me dejó gratamente sorprendido. Presenta una historia dura y, hasta cierto punto, cruel, pero que nos caló hondo en muchísimas personas, porque nos plantea una temática por la que seguramente muchos de nosotros hemos pasado, o estamos pasando: la ruptura de una relación de pareja (vivencia donde se presentan todo tipo de emociones y sentimientos: soledad, impotencia, nostalgia, anhelo, incertidumbre…).

Como ya es costumbre en mis artículos, me gusta abordar un poquito en el detrás de cámaras: lo que envuelve el desarrollo de un filme, su impacto y sus por qué. Así que esta ocasión no será la excepción.

“Historia de un matrimonio” vino acompañada de varios proyectos originales de Netflix que estuvieron compitiendo por los Premios Óscar en la pasada edición. Entre los que se encuentran “Los dos papas”, “El Irlandés”, o en el ámbito de la animación: “Klaus” y “Perdí mi cuerpo”. Si bien ninguna de estas producciones se llevó el Premio a Mejor Película o Mejor Película Animada, es cierto que dejaron un gran sabor de boca y contribuyeron un poco a cambiar la visión general que en ocasiones se tiene sobre las producciones originales de Netflix, tachadas de ser poco serias, banales, con guiones flojos e, incluso, forzadas, entre tantas otras cosas; basta tomar de ejemplo la adaptación del ánime “Death Note”, el cual recibió un sinfín de críticas. Sin embargo, el año pasado no fue el caso y con producciones como las ya mencionadas se ganaron el respeto y aprecio de muchos.

Ahora bien, pasando de lo universal a lo particular, centrándonos en “Historia de un matrimonio”, estuvo nominada a varios Óscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Actriz de reparto; resultó ganadora en esta última, con la actuación de Laura Dern.

La película fue escrita y dirigida por Noah Baumbach, que curiosamente algunos años atrás pasó por un proceso de divorcio de la actriz Jennifer Jason Leigh, con quien tiene un hijo; también vivenció el divorcio de sus padres. En una entrevista el mismo director mencionó:

“Tengo una conexión real con el material… pero también estaba en un momento de mi vida donde muchos de mis amigos se estaban divorciando. Lo vi como una oportunidad para hacer algo más expansivo, así que hice mucho de investigación. Entrevisté a muchos de mis amigos y amigos de amigos, y luego también a abogados, jueces, mediadores”.

Por lo mencionado, hubo una relación bastante personal del director con la temática, más todo el trabajo de documentación e investigación que realizó, para darle un toque todavía más real y desgarrador, como pudimos ver en la historia que nos mostró en la pantalla.

¡Ahora sí! Vámonos de lleno con la trama de la película y el intenso cúmulo de emociones que nos trae, que es donde principalmente encuentro la virtud de esta cinta… ¡A darle!

En la película, nos muestra el conflicto de pareja que están pasando Charlie  (Adam Driver), un exitoso director de teatro de Nueva York y Nicole (Scarlett Johansson), una actriz de cine que trabajaba principalmente en la compañía de teatro de su esposo. Todo el conflicto se vuelve aún más difícil porque no es una cuestión meramente de la pareja: también está de por medio su hijo Henry. Y es que como podemos constatar por medio de datos de diversas instituciones, o por experiencia, si conocemos algún caso de esta índole: en el momento de una separación de pareja generalmente quienes sufren más son los hijos, que, tristemente, en ocasiones dejan de ser vistos como seres humanos con derechos y necesidades, para pasar a ser cosificados como meros objetos, sin tomar en cuenta el daño que pueden sufrir.

La película inicia de una manera bastante “tranquila” y hasta melosa o romántica: con una carta de Nicole donde expresa las cosas que le gustan de Charlie y luego, una de Charlie donde él hace lo propio con Nicole. En ese momento podríamos llegar a creer que todo está bien, pero no, inmediatamente después nos topamos con ambos en una sesión de pareja donde el distanciamiento y el desgaste es ya notorio. Nos muestra que la pareja ya está llevando a cabo su proceso de separación.

Al principio parece ser que esto se llevará a cabo de una manera “pacífica” ya que deciden hacerlo sin la intervención de abogados y esas cosas de “mediación”, que bien podrían llamarse destrucción en muchas ocasiones, pero llega un momento en el cual Nicole debe viajar a Los Ángeles para realizar el episodio piloto de una serie donde le ofrecieron un papel protagónico, y es ahí donde una de las productoras le aconseja ir con una buena abogada: Norra Fanshaw (Laura Dern). Es a partir de este punto donde podríamos decir que lo poco bueno que quedaba ¡termina por irse directito al carajo! , ya que Charlie se verá obligado a contratar un abogado. Al inicio busca opciones “tranquilas”, pero debido al estilo agresivo e incluso doloso de Norra, se ve obligado a ir por uno de su misma calaña, como Jay Marotta (Ray Liotta); momento a partir del cual van a juicio y se enfrascan en lo que, sin dudas, es peor que una pelea callejera, donde podemos ver en su máxima expresión el ventajismo e hipocresía de los abogados, y cómo una pareja (que en algún momento se amó y apoyo fervientemente), ahora “se tira” las peores bajezas posibles. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.

La verdad es que la trama no es compleja en sí misma, el mismo título de la película ya nos está diciendo de qué va a tratar y prácticamente todo el argumento reza sobre la misma idea. Pero donde está lo valioso y complejo del conjunto es cuando vemos los diferentes factores de las emociones y sentimientos humanos que se van tejiendo a lo largo de la trama. Creo que es bastante sencillo para los hombres sentirnos identificados con el papel de Charlie y para las mujeres con Nicole: cada uno empatizará con su “bando”; mas si tratamos de ver la película desde una perspectiva más objetiva y general, te puedes dar cuenta que ambos son víctimas y verdugos en este juego, que ambos a través de sus errores hicieron que la situación se encuentre donde está y es que, al final de cuentas, una relación de pareja es precisamente eso: una pareja; son dos los que están involucrados y dos los responsables de que todo esté sucediendo como sucede.

Sobra decir que las actuaciones son simple y sencillamente geniales: Adam Driver y Scarlett Johansson demuestran aquí que son actores de talla mundial, sin duda alguna. Se puede notar el compromiso que ambos ponen en sus papeles. La angustia, soledad, tristeza, ira; se vuelven casi que palpables gracias a la dedicación de ambos, no por nada entre las curiosidades encontramos que los miembros del equipo tuvieron que recibir asistencia psicológica para la famosa escena de la discusión. Cabe también resaltar el trabajo de Laura Dern y Ray Liotta: hacen ver a sus personajes como ¡unos auténticos hijos de perra! Lo cual era el objetivo. La escena que sin duda es mi favorita, es cuando cerca del final, Charlie, derrotado emocional y físicamente, toma el “micro”, y a través de la canción “Being Alive”, expresa todos los sentimientos y emociones que está probando.

Como leí en alguna ocasión (no recuerdo la fuente, créditos a quien corresponda): “esta película se ha vuelto un clásico instantáneo que superará la barrera de los años”. ¡No podría estar más de acuerdo con semejantes declaraciones! Sin duda, “Historia de un matrimonio” es una película que es capaz de tocar las fibras más sensibles de cualquiera y que te pondrá a reflexionar sobre lo que representa la vida en pareja y sus problemas. Está disponible en Netflix y por mi parte estoy pensando seriamente en comprarme la versión coleccionista con las cartas de Charlie y Nicole… ¡Chapeau para esta joya!

P.D: Los reto a verla sin dejar escapar una lágrima.

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