Llegué tarde al mundo de Parménides García Saldaña, apenas a los treinta años, en parte por lo difícil que era conseguirlo, y en parte, porque quería llegar bien “prepararado” a su lectura. Me hice, hace varios años después, de la primera edición de 'Pasto Verde', editado por Diógenes en 1968, en una librería de viejo de Guadalajara a cuarenta efímeros pesos, y pensé que ya era tiempo, pero aún lo dejé descansar… no me sentía capacitado, José Agustín me había dejado desolado y profesaba que la influencia de Parménides me podría llevar al hoyo. Hice una lectura clínica de 'Pasto Verde', pero me pareció sobrecargada, una prosa ofendida, ultrajada, mal gastada, inexacta. No valía leerlo así. Lo acabé en una cantina y las riquezas retóricas y vivenciales comenzaron a aflorar: el filo, el corte, el erotismo, la “glamourización” de los propios excesos, los anglicismos, la sentenciosa primera persona del singular, la música, las drogas, la música, el desdén a las niñas fresas, la música, la izquierda, la música, la onomatopeya, el comunismo, la música, los movimientos sociales, los Rolling, las faldas mojadas y mucho pasto verde para fumar, y echarse en él a descansar la modorra de la vida.
Parménides García Saldaña fue el máximo escritor de La Onda, junto con Gustavo Sainz. Punto. Escritor etílico, filosófico marxista, cannábico y Rey Criollo Literario, le gustaba orinar y aporrear las puertas de sus amigos entrada la madrugada, sólo para ver a las esposas de éstos en paños menores, ya que era un perdido enamoradizo de lo ajeno, incluyendo a las mujeres.
Sus únicas compañeras fueron las adictas, las alcohólicas, las amantes desorientadas y accidentales, las pastillas y las prostitutas de bajo pelo. Vagabundo, drogadicto cuasi indigente, bilingüe, estudioso de la lengua inglesa y la economía, de la poesía de Dylan, los ideales de Malcom X y del Partido Internacional de la Juventud de Abbie Hoffman. Parménides García Saldaña decía que no había diferencia entre la MOTA y la ONDA, que surgió primero en Europa y luego en Estados Unidos y toda América, que no es una invención de José Agustín, triste y absurdamente apodada por Margo Glantz, sino HACER LO QUE UNO QUIERA, es así que la droga y la literatura a través del “fenómeno” de La Onda, se volvieron accesibles, al alcance de casi todos, casi… pues no era (ni será) una literatura para aquellos rebeldes sin causa, cocainómanos venidos del norte que no se rebelan ante nada y sólo buscan la fama y el hedonismo mediático: vender libros, comprar viniles dispendiosos, hacer apología de sus actos retraídos y salir con gafas negras en todas las fotografías posibles de todos los medios de comunicación, porque así cualquier letra y cualquier miedo es un fracaso y un cliché, un subproducto comercial y una moda pasajera.
¡Sabor ahí!
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Mixar López (Guerrero, 1975). Cronista y crítico musical. Es colaborador de diferentes revistas y periódicos de México, EEUU, España y America Latina. Reside en Des Moines, Iowa, Estados Unidos. Su primer libro de crónica, 'Prosopopeya: La voz del encierro', está próximo a ser publicado por la editorial Paraíso Perdído.