Letargo por Alejandro Arenas

Queda de mí sólo la muerte,

con mi alma remolcándola entre sus dedos,

llamándome con su aullido desde el fondo del horizonte.

Ya no tengo nada, más que este silencio de su boca.

 

Queda de mí este mar solitario donde naufrago,

este recuerdo que vaga entre las espumosas aguas de la memoria,

este abismo creándose en el centro de mi pecho.

Más que este silencio de su borrasca, ya no tengo nada.

 

Poco a poco me abandono a su delgada línea de olvido;

nadie evita que mis manos atraquen en sus brazos,

que me hunda en su abstracta, insondable hora vacía.

 

Poco a poco la superficie de la muerte se extingue,

sólo queda este vórtice arrasado donde habita su sueño marino

y mi cuerpo que deambula como una isla derruida

acercándose a la orilla estéril de sus labios.

 

Más que este silencio, traído de sus fronteras frías,

allá lejos donde mi llanto de amargura no se escucha,

mi aliento parte de mi rostro como olas dispersas,

arribo sediento al alba donde los pájaros son polvo.

 

Y es todo lo que queda de mí:

una áspera muerte que me reclama como su erario,

como el mar reclama su lenta y larga noche huérfana.

 

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Alejandro Arenas

Cd. Guzmán, Jalisco.

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