Nacer exitoso por Coralia Mares

En unas cuantas semanas llegara al mundo un varón, mi hermano. Mis padres están enloqueciendo, dividieron mi habitación, papá tiene doble turno en el trabajo, tenemos que ir a buscar pistaches cada que mamá esta de mal humor y no recuerdo la última vez que comimos sopa de letras sin pensar en el nombre del bebé.

 

Al principio no entendía porque se preocupaban tanto si todos los felicitan, hasta que fuimos al cumpleaños numero noventa de mi abuelo y mi tía Elena rozó con sus enorme barriga a mi madre al saludar, en unas cuantas semanas llegaría al mundo un varón, mi primo.

 

Mientras comíamos el abuelo contaba la misma historia de cómo logro que su trabajo fuera reconocido, existen personas que nacen para el éxito y otras que su destino es fracasar, mi abuelo sabia que era de las que fracasan pero cambió eso para que nosotros seamos felices. Para ser sincera creo que ninguna persona en la mesa está de acuerdo con lo que le toca vivir, lo digo en mi mente porque si llegara a gritarlo me quedo sin postre.

 

Se rompe el momento de tensión al escuchar a mi tía Elena sobre la planificación del la fiesta que dará la llegada del nuevo integrante de la familia, he escuchado a mi madre decir que ella tuvo suerte, sus ojos y cabello le dieron un mejor partido por lo que su única preocupación era gastarse el dinero de su esposo en una niñera o pañales de seda.

 

La rivalidad entre mi madre y la tía Elena comenzó desde antes de que ellas nacieran, el abuelo deseaba con todas sus fuerzas tener un hijo del sexo masculino pero bien dicen que nunca es suficiente con desear, primero llego Lucia quien tuvo que enfrentarse por tres años a los cuchicheos de su padre por tener el cabello largo y piernas frágiles. En el segundo intento llegó Elena y la casa se lleno de llantos agudos, la partera le dijo a sus padres que sería muy inquieta y necia, cosa que no dejo satisfecho a su padre, el creador del la industria del pastel de puré de papá que aun seguía sin heredero.

 

Elena y Lucia compartían habitación, usaban vestidos de olanes, tomaban las mismas clases de repostería para trabajar en el negocio familiar, estaban en el equipo de futbol pero la hermana menor era capitana, tenia mejores notas y por supuesto no tenia que hacer ciertos deberes del hogar por su edad y por si fuera poco se gano el corazón del príncipe azul de su hermana. Lucia siempre estaba molesta pero tampoco le incomodaba ayudar a su madre, era mas divertido pasar tiempo con ella que eligiendo papas.

 

Mi mamá esta llorando y golpeando la mesa con sus cubiertos porque nadie la escucha sobre lo delicado que es su embarazo, por estar contando anécdotas de la infancia de tía Elena, su increíble boda a la que asistió el presidente del país y a la cual mi familia llego tarde porque accidentalmente nos dieron la dirección del lugar en un salón de fiestas al otro lado de la ciudad. Mis padres tienen un anillo de dulce y aun guardan en su closet un bote con una cinta que dice “boda”, planeaban que fuera la niña que avienta las flores pero al paso que vamos, mi fiesta de quince años será también la boda de mis padres. Desde que murió la abuela nos invitan por compromiso a las comidas familiares.

 

Estamos por terminar esta tortura con el famosísimo pastel de puré de papa pero mi familia esta reprochándose el pasado, justificando el presente y asegurando un lugar en el futuro. El abuelo solo observa fijamente de izquierda a derecha a sus dos hijas, yernos y a mi en el fondo con cara de auxilio, la señora que algún día fue mi nana trae a la mesa el pastel de puré de papa, repartiéndolo a cada miembro como si nada estuviera pasando, supongo que es por lo que dicen de que a una embarazada no se le debe de contradecir, menos a dos.

 

En la etapa de la secundaria Lucia era mas delgada que Elena, se burlaban tanto de ella que decidió hacerle un cambio radical a su cuerpo, sumándole a su nueva imagen lo que Lucia tanto envidiaba fue como conquistó al amor platónico de su hermana y actual esposo. Si todo le salía de maravilla a Elena existía una palabra que Lucia sabia era infalible para que le hormigueara el cuerpo de pies a cabeza; “Gordis” así fue como mi madre le grito y a pesar de usar estiletos carísimos la tía Elena le arrojó uno que terminó por quebrar el jarrón con las cenizas de su madre.

 

El abuelo cerró sus puños, abrió los ojos como si se fueran a salir disparados y comenzó a toser, toser, toser. Mi padre intento ayudarlo mientras sus hijas buscaban culpables, la nana llamo al 911 reportando los últimos suspiros del quien ahora era victima de su legado.

 

El paramédico anuncio que el abuelo seguiría siendo un viejo con intención de ser leyenda pues murió en su cumpleaños número noventa, sin conocer a su heredero. Ni siquiera en el funeral Lucia y Elena se tomaron de las manos, cada una lanzó una rosa amarilla en honor al color del pastel de puré de papa que las tenia ansiosas por leer el testamento. Quiero que mamá gane esta vez, es la mayor y anunció su embarazo antes, también pienso que es mejor cocinera que la tía Elena, además es mi mamá.

 

Ambas familias entran al despacho del abuelo difunto detrás del abogado, yo me quedo junto a la nana sentadas en un sillón viendo como cierran la puerta porque no somos aptas para entender lo que esta pasando. Lupita llego a la casa para ayudar a la abuela en su primer embarazo, era joven pero aprendió rápido que lo mas deseado además del pastel de puré de papa era un heredero, sabia todos los secretos, incluso para proteger su trabajo no le conto a Lucia que el matrimonio de su hermana fue arreglado porque su padre pensaba que ella tendría mas problemas para no decir su opinión y administrar el negocio, en cambio Elena era fácil de manipular y dejaría que su esposo tomara el control para crecer y nadie de la familia incluyendo a Lupita pasarían hambre.

 

La nana me apretó la mano mientras esperábamos en señal de tranquilidad, por fin se abrió la puerta mi madre salió frustrada, todos nos despedimos y salimos de la casa, mientras esperábamos el autobús vimos pasar a la tía Elena con su esposo en un auto rojo brillante con su sonrisa de oreja a oreja. Mi madre comenzó a llorar, mi padre soltó una carcajada sarcástica preguntando si aun quería llamar a mi hermano como mi abuelo.

 

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