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SINDICATO DE LOS DISCÍPULOS DE LA NOCHE ARANTZA POL

De día vivo, de noche existo.

Los búhos son seres de la noche, en la negrura despiertan su instinto vigilante, ojo bien abierto; mudan de indefensos a cazadores ignorando la ausencia de luz para ubicar a su presa. Particularidades que los han ayudado a sobrevivir, prestaciones de la selección natural.

Ahí pertenecemos nosotros, las bestias de la noche, buscando sobrevivir al día. Nos rendimos al velo negro que extrae de nuestro ser las más profundas reflexiones, historias inéditas, ideas que enganchan, versos de lágrimas y suspiros, pasiones desenfrenadas y tantas otras creaciones del alma.

Sólo en la noche nos permitimos desenterrar el instinto y el corazón. La oscuridad nos protege de los mirones que ansían absorber la luz que crea nuestra especie porque la suya se alimenta de lo externo.

“Levántense temprano para que aprovechen el sol” ¿Qué podríamos aprovechar del sol si tenemos la noche para exprimir cada gota de sangre que palpita por nuestro cuerpo?

Bajo el sol, sólo somos para los demás y después para nosotros. En parte ser, en parte pretender. El ser de luz se engrandece de iluminar las máscaras de los transeúntes que ignoran que con cada paso contaminan su alma y nuestro ambiente. La luz no deja ver el panorama completo después de todo…

Durante el día, el tiempo no corre para nosotros, nosotros corremos para el tiempo. Las multitudes nos recuerdan la sobrepoblación, nos abruma la pobreza y la riqueza, nos presionamos por ser, por hacer, por “aprovechar la luz” del astro rey que nos domina, mientras nosotros, sus súbditos, hacemos reverencia, con miedo de verle a los ojos y quedar ciegos.

Cegados estamos de ver hacia adentro.

Nos hablan del libre albedrío pero pareciera que cada rayo solar es un hilo que nos mueve en aparente “voluntad propia” hacia donde irónicamente “tenemos que (no queremos) ir”

De día vivimos, de noche existimos.

Por todo lo descrito, hoy, hemos decidido revelarnos al sol. Nos armamos con sombreros, gafas y nos hemos protegido con bloqueador. No tenemos miedo de ser desterrados del amanecer porque con el atardecer nace nuestro mundo.

Entregamos nuestro tiempo a la luna, la líder que hemos decidido adoptar con el corazón en la mano; pues ha demostrado ser excelente compañera, símbolo de libertad y expresión.

La luna, satélite de locuras y de amores, nos inspira a amar con entrega una persona, una idea, un libro, una hoja de papel en blanco. Extrae nuestra esencia y nos permite disfrutar plenamente de nuestro olor único, sin distracciones, esparciendo con sutileza el silencio y la paz que sólo sabe conceder la noche.

Ésta carta es la abanderada, testiga y vidente que se proyectará en las estrellas, para llamar a todos los amantes de la Diosa luna a unirse al sindicato de los discípulos de la noche.

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