#TienesQueConocerla Lola Ancira (Primera parte) Por: Monina Fernández

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Les cuento: soy gran fan de las historias de estos lugares míticos mexicanos. De un tiempo para acá, cuando se trata de buscar datos curiosos sobre La Castañeda o sus similares, la vida se me hace corta y la procrastinación necesaria. En uno de estos recorridos en los que, yo buscaba espacios vacíos para llenarlos de historias, se me puso de frente un podcast, de esos de terror, en el que este oscuro lugar fue el farol de la atención. A la locutora principal la acompañaba una dulce voz de mujer, pero no era cualquier mujer, era una joven llamada Lola, cuyo personaje era más que sólo Lola.

Ella es una dupla perfecta entre la luz del conocimiento y la oscuridad del pasado. Una investigadora, una escritora, y una pasajera de tiempo, que recorre los espacios y se apodera de ellos. Con la fuerza de una bestia antigua, y la dócil figura de un ser etéreo. Le escribí por Instagram, y sin más, la magia sucedió. Con ustedes:

Lola Ancira

[Uno]

Ella llegó a la cita puntual y sin prisa. Con sus bonitos labios rojos, y los ojos enmarcados por una línea negra que debe ser la silueta que punta al papel y la pluma. Sonríe amablemente, sabe que soy una gran fanática, sabe que he esperado este momento con mucha emoción. No se muestra sobre ninguna nube, sino con los pies bien plantados en el suelo. Es una mujer poderosa. Con contemplarla, incluso a distancia, se puede sentir su poder. Describirla es arriesgado, es mejor escuchar lo que guarda en su cabeza.

 

[Grabando]

 

Monina Fernández: ¡Lola! Muchas gracias por darnos la oportunidad para entrevistarte. Especialmente ahora que trabajamos arduamente en revivir los bríos Revista Golfa. Que sepas que eres una de las voces que Golfa espera que ocupe no sólo este, sino todos los espacios, porque eres un ejemplo de constancia, y una mujer increíblemente admirable. Tu perspectiva narrativa es algo que personalmente me impresiona mucho. Creo que eres de esos talentos que en México debemos conocer todas y todos. Antes que nada, he de pedirte que nos puedas platicar cómo ha sido tu proceso para poder ir publicando, ­¿Cómo ha sido tu proceso para darte a conocer, ¿Cómo ha sido posible para ti el publicar? Es importante para nosotros el conocer esta parte porque, en este país, y siendo tan joven, y además siendo mujer, es impresionante la trayectoria que ya trazase. Porque es claro que en este país todavía tenemos una herencia que ha hecho que a las mujeres nos cueste más escalar en temas como lo es la literatura.

Lola Ancira: Empecé a escribir muy joven. A mí me siguen diciendo que soy joven, pero ya no me siento tan joven, tengo 36, comencé a escribir a los 16, como a los 15 más o menos. Tengo como 20 años ya en esto. Ha sido un poco tortuoso y largo, pero finalmente creo que estoy en un lugar en el que quería estar desde el principio… y todavía me falta un montón. Siento justo eso. Es un camino de resistencia y no de velocidad. Yo suelo dar talleres, y cursos, Y sé que cuando empezamos a escribir estamos muy ávidos por publicar, y nuestro trabajo no es el mejor, entonces no tenemos un buen criterio, los comentarios que nos hacen no son tan objetivos, porque normalmente son de gente cercana, de amigos y familiares, que nos dicen que está perfecto lo que estamos haciendo, pero no son escritores ni críticos. Yo creo que sí hay mucha confusión cuando comenzamos a escribir. Yo quería publicar mi primer libro de cuentos a los 16 años. Justo, con estos primeros cuentos, y ¡Que bueno que no ocurrió! Ese libro, desearía que desapareciera… pero es parte de esto, del crecimiento. De empezar en este lugar donde yo no conocía nada. Mi trabajo ha sido también muy autodidacta. Yo empecé a escribir por una tarea de la maestra de español, en el primer semestre de prepa. Antes de esto yo ya leía muchísimo. Desde chica ya tenía contacto con la literatura. Porque, recuerdo que ya teníamos clubs de lectura en la primaria, y a mi mamá que me compraba libros en el súper. Que digo, qué libros puedes encontrar en el súper, pura cosa comercial.

Pero independientemente de eso, fue una gran pauta para mí, el acercarme a la literatura desde tan chiquita. Sobre todo, un libro de mitología griega ilustrado, también novelas juveniles… para mí los libros siempre han significado un sitio de paz y de felicidad, de alguna forma. Recuerdo también que de niña íbamos al bosque, para hacer picnics, y yo me la pasaba en el coche leyendo. Entonces, desde siempre ha sido mi lugar feliz. A los 15 años que tuve la tarea de hacer un cuento, pues dije, claro que quiero hacer algo como lo que a mí me gusta leer. También recuerdo mucho cuando leí a Horacio Quiroga por primera vez, estaba en unas vacaciones de verano en la playa con mi familia, yo como siempre en ostracismo con mi libro, y leí la gallina degollada, y me quedé de ¿Qué demonios es esto? Y yo pensé, yo quiero hacer algo así, yo quiero que la gente experimente esto, que es el miedo, que es esta tensión al estar leyendo algo que, además es ficción. Siento que ahí mi cerebro se comenzó a configurar. La literatura representó para mí una forma de sorpresa, justo de generar emociones a través del lenguaje escrito. Eso fue la gran revelación.

Cuando empecé a escribir, me fui por este lado de lo misterioso, lo ominoso, lo terrorífico. También ha marcado eso mi obra porque, igual, desde chiquita estuve muy en contacto con el cine, con las películas… y mi papá nos ponía estas películas, a mis hermanos y a mí, de los muñecos asesinos, como estas películas de terror super malhechas, de serie b, con un peso de presupuesto (se ríe), pero nos gustaba mucho. Porque era una manera de compartir el tiempo a través de estas emociones. Entonces, no tengo una especie de trauma con eso, pero sí una afición a estas emociones fuertes. Yo creo que se conjugó ahí, esta cuestión de la literatura popular con la literatura, y creo que esa es la base de mi literatura, de mi creación. Siempre he comentado que mis temas principales son tres: principalmente la muerte, la locura y el encierro. Mi obra gira a través de estos ejes temáticos, que se aborda a través de distintos personajes, escenarios, narrativas y contextos. Pero siento que, siempre hablo de lo mismo, porque, sobre todo para mí, la muerte es como este gran misterio, qué pasa con la gente que ya no está, qué pasa después de que ya no estamos vivos. Qué pasa con todo eso, quién se queda con las memorias, con los recuerdos, con todas esas preguntas que ya no se pueden responder… entonces, no sé. Creo que, parte mucho del misterio también lo que escribo.

MF: A mí me pasa algo interesante cuando leo tus textos… creo que tienes una capacidad muy impresionante a la hora de abstraer las cosas. Yo soy muy fanática, y no te miento, del tema de La Castañeda, de hecho, así fue como te conocí en un podcast. Te conocí acompañando a una locutora, mientras hablaban del tema de La Castañeda, y fue así como conocí tu libro, en el que también abordas el tema de Lecumberri, y siento yo algo muy peculiar. Creo que leer tus textos es tener la posibilidad de entrar en el lugar, porque son cuentos descriptivos, al grado que el lector se siente que está ahí. O sea, sientes que estás viviendo en paralelo el momento, y puedes imaginar o construir el espacio físico. Lo que me parece muy interesante, porque generalmente cuando las personas buscan retratar espacios de este tipo, como hospital psiquiátrico o una prisión, tratan de centrarse mucho en el personaje, entonces la construcción se limita mucho a lo que el otro está pensando. Y para ti no, para ti, es el personaje y el espacio, y eso me impresiona. En el caso específico de estos textos en que tratas de hablarnos de estos dos espacios tan emblemáticos y dolorosos para la cultura mexicana, ¿Cómo fue para ti el proceso creativo? ¿Cómo fue para ti construir estas narrativas?

LA: Para mí es súper importante el espacio. Justo el proyecto que plantee para la beca del FONCA, que no me dieron, pero me dieron el de las Letras Mexicanas, partía justo de la arquitectura, de plantear las atmosferas, que bien dices, es más que la psicología de los personajes. Que también me interesa mucho. Pero acá, lo esencial era trabajar en los espacios y tomarlos como otro elemento orgánico. Como un personaje. Que respira, que habla. Y eso me interesa un montón porque, yo siento que la historia se queda en los lugares dónde ocurre. Y, hablando de estos dos lugares míticos, ocurrieron cosas terribles. Entonces, uno ya no existe, y otro sí existe, pero ahora es el archivo general de la nación. Entonces qué pasa en estos lugares que albergaron vidas, y además vidas vulnerables. Eso es lo que a mí me interesa narrar. Vidas que fueron invisibilizadas, vidas que fueron borradas.

Una parte de la historia que fue borrada: simplemente quitamos los edificios y ya. Aquí ya nadie se acuerda de qué pasó, hay un Walmart, hay una prepa, hay edificios de departamentos, esto es borrar la historia, borrar una parte ominosa de la historia. Y justo eso, cómo está relacionado con las olimpiadas del 68, que fueron en México, y fue de, tenemos que borrar esto, porque, qué va a decir la gente que venga a visitarnos. Qué clase de país somos… con esta institución venida a menos, y demás. Me parece muy terrible tratar de borrar la historia borrando los espacios. Lo que yo quería era recuperar esos espacios. Tomar de la mano al lector y decir: mira, así se vivía aquí, así eran los espacios, la comida, la vestimenta, todo. Los olores, los sabores. Me interesa trabajar con las atmosferas, más allá de lo visual. En el caso de Tristes Sombras, yo siempre digo que cada cuento tiene un olor peculiar. Y eso también es parte, justo, de todo el proyecto. De trabajar la cuestión sensorial. De tratar de imaginar cómo se vivía en estos espacios. Todo partió justo de la arquitectura.

MF: Ahora me viene un poco a la mente, hace dos años, más o menos, un grupo de amigos y yo fuimos al complejo departamental que ocupa el espacio en que antes estaba La Castañeda. Porque nosotros pues, grandes fanáticos, ¿No? Yo les decía, no sé si ustedes lo perciben, pero yo siento como aquí, en este espacio, sigue existiendo la replica de tantas violencias. Aunque ya no hay nada. Porque este lugar es una parte de nuestra historia que difícilmente vamos a borrar. Y desgraciadamente se sigue viviendo en otros lugares, no sé, en algunos centros penitenciarios, en otros hospitales, aun se siguen viviendo estas situaciones en las que se vive, o se sobrevive, porque no son las condiciones óptimas, porque hay abuso, porque hay mucho dolor. Me parece interesante el cómo lo abordas, me parece interesante el hecho de que tu construcción narrativa es tan abierta… te admiro mucho como escritora (la Monina se sonroja). Me gustaría que me platiques ahora con respecto a tu proyecto más reciente, que fue publicado en 2022 después de un premio. ¿Cuáles son los planes a futuro para este proyecto?

LA: Ese libro… bueno ese proyecto. Es que también hay algo peculiar: de mis cuatro libros publicados, el primero es el único que escribí sin plantearlo como proyecto. El primero fue justo una recopilación de los cuentos que ya tenía escritos. Y en 2013, salió una convocatoria para escritores de centro-occidente, entonces yo nací en Querétaro, entro en esta zona, un amigo me compartió la convocatoria. Yo no había publicado hasta entonces, digamos en algo más profesional, entonces, reuní los cuentos que ya tenía escritos, que eran como 15, o más, pero seleccioné los mejores a mi parecer. No había entrado a ningún taller literario, no los trabajé con nadie, o sea, por eso también digo que lo mío siempre ha sido muy autodidacta desde siempre. Escribir sola, escribir con las lecturas que tenía. Reuní esos cuentos, los inscribí a la convocatoria, seleccionaron mi obra, y la publicaron hace casi once años. Entonces, saqué mi primer libro en 2013, y ya fue como algo que me dijo ya eres escritora, y a partir de entonces los otros tres libros que tengo publicados se los plantee como un proyecto para las becas, porque tenemos pocas becas. Está el FOCA, están los PECDAS, que son los estatales, está el sistema nacional de creadores, pero ese ya es a partir de los 35 y, pues para autores con obra y con cierta trayectoria. Son pocas las becas y somos un montón los que estamos escribiendo. Y es eso: pelear las becas con buenos proyectos para que te las puedan dar. 3 de mis 4 libros han sido escritos como proyecto, donde yo planteo sobre qué quiero escribir, cuántos cuentos van a ser, etcétera. Están como muy bien sustentados. Tengo bibliografía… los pienso como muy conscientemente.

[Pausa // Nos vemos en la segunda parte]

 

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