Una historia de ciegos II Por Mónica Menárguez Beneyte

 

Luis me dejó porque no soportaba mis escenas de aburrimiento, desidia y melancolía. Él quería diversión diaria. Y yo, un mes sí otro no, le daba tristeza sin motivo, hundimiento y excursiones al subsuelo. Me dejó como quien deja de ir al gimnasio o comer carne; sin más. Tal día como hoy, hace cuatro años y seis meses, me levanté de la cama, y desnuda de espaldas a él, escuché cómo me decía: «Esta mañana, cuando te vayas haré las maletas y me largaré». Ni siquiera giré mi cabeza para poder mirarle. Sentí que en lugar de entrar el amanecer por la ventana entraba la absoluta soledad. Desde entonces no lo he vuelto a ver. Entré al aseo y cerré la puerta para poder llorar sin que me viera, cuando salí estaba maquillada, con el pelo recogido hacia atrás y mi flequillo tapando mis ojos en lágrimas. No nos despedimos. Hasta conocer a Bruno era el hombre que mejor me había follado y con el que mejor me lo había pasado.

El mismo día que me dejó fui al bar que hay debajo de casa para tomar un café. Sentía que la casa se me desplomaba monstruosamente sobre mí. Me senté en la mesa más cercana al cristal de la calle, temía perder el contacto con la realidad y concentraba mi tiempo en mirar a toda la gente que pasaba por la avenida. Escuché el traqueteo de un bastón cuando alguien me dijo: « ¿Hay alguien en esta mesa?» Levanté mi barbilla y lo vi. Algo extraño me atrajo instintivamente a su persona. «Sí, estoy yo, pero estoy sola y hay sitio, por mí puedes sentarte». Se sentó enfrente de mí, como si supiera exactamente donde estaba, plegó el bastón y se quitó su chaqueta de cuero marrón. Me preguntó si le podía leer el periódico y con actitud incómoda y un poco nerviosa le dije: «Sí, sí, claro». «Condenado en Pamplona a  cuatro años de cárcel por violar a su propia hija y dejarla embarazada». Tragué saliva, pero él no mostró respuesta alguna. Continué: «La luz vuelve a los máximos… Un tribunal militar egipcio ha cometido un error al condenar a un niño de 6 años a cadena perpetua… Rescatan a un adolescente de trece años tras caerse a un pozo de cinco metros en El Escorial». Dejé el periódico, cansada, sobre la mesa, y le dije: «Lo siento, me tengo que ir». « ¿Por qué estás tan triste? Siempre me has parecido muy alegre», «Creo que te has confundido, no te conozco», le respondí. «Sí, claro, tú eres la chica que viene muchas tardes con ese chico tan descuidado. ¿Cómo te dice? ¿Niza?». «Sí, soy Niza, ¿y quién eres tú?». «Bruno, encantado». «Encantada Bruno».

 

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