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Voces inocentes: Infancia entre conflicto. Por Zaren Hernández de Flámina Films.

Situada en el contexto de la guerra civil de El Salvador, lucha con duración de 12 años (1980-1992) producto de conflictos políticos, económicos, ideológicos y sociales; reflejo de desigualdad y hartazgo en sectores agrarios izquierdistas quienes formaron guerrillas las cuales arremetieron contra el Estado financiado y potenciado por el gobierno Estadounidense en medio de una evidente disputa de pugnas internas aprovechadas por los  bloques en el panorama global.

“Voces inocentes” es una película de gran alcance y distribución a nivel mundial dirigida a todo público, pese a las restricciones en clasificación, pues como encuadra a la visión del director Luis Mandoki y del guionista Oscar Torres, ésta no debe ser ajena a los niños al ser  necesaria una concientización y empatía de realidades. Por lo que el alcance que tuvo dentro de los niveles escolares es logro y fruto de tan excelente realización.

Punto interesante y congruente. Y es que un tema delicado no solo envuelve a los más grandes, sino que más que un panorama anecdotario de sucesos contantemente maquillados en la historia de un país como suele suceder, es hasta los tiempos contemporáneos un acontecer en vista de ojos ciegos alrededor del mundo. Como es el caso de conflictos bélicos en medio oriente los cuales cobran vidas civiles, arrebatan infancias, destrozan familias y desencadenan más precariedad e incertidumbre al volverse la  sobrevivencia del entorno un tema de necesidad.

Por tanto, así como estos hechos por injustos y merecedores de lágrimas que sean, son evidencias de brutalidad psicológica-social así como alcances de la guerra tal como se plantea en esta película basada en hechos reales y de fiel congruencia en la historia que cuenta.

Directo de la memoria plasmada en guión del productor Oscar Orlando Torres, surge lo que se conocería como “Voces inocentes”. La cual no es sino una autobiografía derivada de la necesidad de mostrar aquellas fuertes vivencias fuente de secuelas post traumáticas revividas tras el 9/11, ante un temor e inercia de huir de las amenazas de una bomba tras la desinformación del contexto de una llamada recibida de un amigo. Conjunto a todo el progreso y adentramiento de éste en el mundo del cine como interés profesional, pasando por una trayectoria de actor y asistente detrás de cámaras, motivo que le daría la experiencia para incursionar como  guionista iniciando con este significativo trabajo que da un vistazo a una marca en su infancia.

De esta forma y como se ha hecho hincapié, la infancia en un ambiente bélico es el escenario de desarrollo de la película en la que Chava, quien es un niño de 11 años, atraviesa por años duros en la historia de su patria y sobre todo en su poblado abatido en un ambiente de escasés general creciente, dificultades económicas, familias desechas por la necesidad laboral misma que obliga a la migración constante de países latinoamericanos a los Estados Unidos. Y como no es la excepción, la familia de Chava carece de la presencia de su padre volviendo a su madre el único sostén de los 3 hijos durante un enfrentamiento del ejército y grupos guerrilleros.

Aunque, lejos de ser el punto verdaderamente agraviante, la inseguridad, violencia y pérdida de libertades, predominan alrededor de una constante rutina de: censura en los medios de comunicación, toques de queda para salvaguardar su vida, noches largas de penumbra en un intercambio constante de balas, civiles muertos por fuego cruzado, reparar o desistir de todo el efecto de daño principalmente en las viviendas por los tiroteos. Situación que como es lógico atañe y es visible de inicio a fin en la madre de Chava, y otros adultos en general, quienes viven en preocupación debido a que estos comprendían en mayor medida la naturaleza de su día a día, expuestos a riesgos e injusticia en que el consuelo divino o encomiendas religiosas pierde significado. No basta para colmar la grave experiencia que a medida que evoluciona los obliga al desplazamiento forzado tomando únicamente objetos de relevancia en cada ocasión.

De forma contraria, los niños, conservando de inicio aunque no hasta el fin toda esencia que los hace ser niños. Éstos, se mantienen con curiosidad y poco temor al carecer de malicia por lo que son conscientes del conflicto aunque con una óptica distinta sin restringirse a si la diversión o como lo es con Chava, experimentando un amor de infantes. Lamentablemente y conforme avanza la situación se hace presente la perdida de esperanzas, predomina el desánimo y crece el temor, sobre todo, de ser arrebatado de su familia bajo el reclutamiento forzado del ejército para defender al Estado formando reclutas leales a partir de los 12 años para ser entrenados por fuerzas estadounidenses en el manejo de un arma y asesinar guerrilleros con tácticas de emboscada.

Pero, ¿acaso esté es el sueño de un niño?, la respuesta es clara y como uno de ellos lo expresa a través de su poema en clase: “ningún niño de mi escuela quiere ir a pelear, no les gusta la guerra porque prefieren jugar, los soldados los buscan pues los quieren reclutar, pero a mí y mis amigos nunca nos van a encontrar”. Más  que un poema encuadra un temor que predomina en ellos, un temor que los obliga a ocultarse en tejados, que los hace no desear cumplir años, a organizarse para evitar que más niños sean arrebatados, a avisar por toda la comunidad señales de reclutamiento, y, sobre todo, a interrumpir sus vidas de juego para tomar decisiones entre ser reclutado por el ejército o por la guerrilla en donde ambos escenarios conllevan muerte.

Cada patria tiene sus respectivos conflictos, la violencia se manifiesta constante y la muerte e inseguridad asechan a tantas zonas del mapa latinoamericano. Pero, México, lugar de grabación de esta película bajo la dirección del mexicano, Luis Mandoki, no ha visto una propia guerra civil desde hace casi un siglo. Por tanto, el sentimiento y comprensión es ajeno. Sin embargo, bajo cualquier circunstancia el sufrimiento humano  y empatía humanitaria traspasan banderas y fronteras. Asimismo el cine, que expande y evidencia las realidades que no quedan como simples bloques en la historia objeto de censura y negación a la desgracia tantas veces.

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