Monstruos que son amigos por Joan Carel

Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)
Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)

Cuánta falta han hecho los espectáculos para las infancias en el 54º Festival Internacional Cervantino, y no porque no se incluyan en la programación, sino porque se han sentido tan escasos.

Pero esta tarde hay magia en escena con La ópera de los monstruos, propuesta de Stage of the Arts – México y la Compañía Flotante, agrupación teatral originaria de Buenos Aires, que crea experiencias para la primera infancia en Argentina, Perú y Francia.

Sí hay niños y niñas, imposible esconder sus vivaces murmulitos, pero no tantos como las cabezas adultas en un recinto a reventar y con numerosas butacas reservadas —quizá por ser uno de los poquísimos eventos infantiles de esta edición—.

Al fondo, el Cuarteto Arcano, dirigido por el compositor Rodrigo Cadet, y cuatro cantantes: Graciela Morales, Julietta Beas, Ricardo Estrada y Rodrigo Urrutia.

Los mosquitos hacen de las suyas con su travieso zumbido y Mau (Hugo Rocha) acaba de despertar para jugar a las luchas con su zorrito de peluche sobre una una colchoneta bajo un especie de carpa de luces. Secreto: le teme a la oscuridad.

Junto a sus amigos, Alex (Alfredo Romero) y Nati (Daniela Momo), surfea sobre las almohadas de su pijamada, viaja en un velero, huye de los tiburones y desciende a las profundidades del mar. Una cortina transparente con efectos luminosos y las mejillas abultadas de los niños conteniendo la respiración dan la bienvenida a las maravillas del océano. La música ayuda a creer en la realidad de esa agua y, desde los asientos, todos nadan. Cuánto aman estos ojos todas las posibilidades creativas que se logran con apenas unos cuantos elementos e imaginación.

Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)

Los monstruos marinos llegan representados por lámparas, telas y materiales diversos, seguidos por una especie de pez bola con una lengua enorme y mal aliento, el cual canta escandalosamente y ruega besos a Manu, su pequeño sobrino. Le sigue una criatura verde llena de ojos, cuya voz es gravísima y llena de onomatopeyas mientras corteja a una reina medusa: “La la la…, bla bla bla…”, se enuncia en el cortejo; ”¡Me encanta, la amo!”, confiesa a su cómplice niño.

Entre la escena, Manu tropieza y se escabulle, esquivando golpes del movimiento involuntario y caótico de los personajes. ¿Cuántas peripecias enfrentan los niños en un sinfín de pequeñas tragedias provocadas por el trajín de los adultos?

Todo era un sueño. Los niños duermen en la sala mientras los atacan los mosquitos, uno específicamente, sarcástico y burlón, contra el que Alex lucha en un duelo torpe de espadas, en contraste con la fina coreografía de ballet que Nati dirige después.

La puesta avanza con nuevos y sencillos monstruos, el canto es su punto en común, hasta la llegada de un ser peludo, con cuernos y enormes colmillos, proveniente de algún lugar con nieve y una lengua cuyos fonemas recuerdan al ruso. “Ah- ah-ah…” vocaliza en escala ascendente e invita a los “niñuskis” a entonar junto a él. “¡Mishki, mishki!!, protesta ante su desafinación y su boca cobra vida propia desprendiéndose de su cuerpo con un sonido propio y agudo.

Los labios hambrientos bajan para devorar niños y el susto es tan necesario para acercarse a una experiencia estética plena, para desarrollar una inteligencia emocional donde el arte juega un papel decisivo.

Música de suspenso y un ojo tenebroso sobre una tela coronada, el cual alarga los brazos de los niños como en una pesadilla surreal. El monstruo cantor, buscando ayudar, pelea contra él y lo vence altivo, pero eso no es lo que Manu deseaba: él quería un amigo. Como imitación de lo aprendido, el niño canta y logra avivarlo venciendo su temor.

“Sin miedo a la oscuridad”, cantan los músicos, los títeres y los niños; vocalizan, tararean y se encienden las estrellas al frente de toda la escena. “Cantar, soñar, sin miedo a la oscuridad” entonan antes de volver a dormir y el director cambia el compás a una cumbia que también canta el público feliz.

Cuenta la leyenda que alguna vez existió un foro destinado exclusivamente a los niños en este festival. Un pequeño y bello teatro en la Escuela de Minas de la ciudad.

Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)

La ópera de los monstruos
Stage of the Arts – México y Compañía Flotante
13 y 14 de octubre de 2026
Teatro Cervantes

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