Las letras, junto al ritmo por Cabellocortito

Introducir puntos personales sobre un tema del que se conoce poco siempre será discutible, lo mismo, cuando se requiere abordar ciertas expresiones emergentes e independientes. Es bien saber, o al menos, tener en cuenta a veces, que en todo oficio se requiere una precisión y cuidado para decir las cosas, de una tradición que respalde los argumentos desinentes. Pues los malos entendidos, sobretodo en estos días, suceden a menudo… Pero en este texto no será el caso. Es intencionalmente maquilado el imaginar a Yoni Lavoriev frente a mí mientras le pregunto lo que le significa ser un ser humano guanajuatense quién, con su muy particular estilo, nos aborda como un camaleón entre siluetas, diciéndonos más de lo creíble. Mientras mi rostro respira en coro la voz, unos ojos de espejo, inmensos, se clavan en mis manos; escribo el sueño, el hundimiento cerebral que provoca el silbido suavizado de unas notas; quedo insomne, palpitante como una lágrima reiniciando con cada canción. Pero el sueño es casi real. E iniciar a través de él es como aventurarse en una profecía personal, como amanecer en plena noche inmerso, desierto, propenso a los sentimientos más extraños y volátiles en el ser humano.

Cincollaga, nuevo EP de Lavoriev, es quizá, una prueba y error que, además de concreto y grato, es un grito al cielo que inspira, ayudándonos a situar lo antes dicho. Que nos muestra como la inquietud, aunque inicialmente puede ser tan sólo un poco de técnica, es muchas veces la respuesta más certera en el inicio de todo arte. Presentarlo junto a una festividad como lo es el día de muertos; literalmente un mundo tan dispar y semejante al mismo tiempo cuando se le piensa en su originario México; es hablar de darle una capacidad de sismo a la palabra musicalizada, de misticismo y reencuentro al color. En estas épocas, los días celebran la llegada de su luz nostálgica, y gracias a esto, nosotros podemos abogar por apoyar que la temática selecta para estos sonidos tan peculiares que se nos reproducen sean toda una jugada sonora que funge como el complemento situacional perfecto.

En cinco canciones, se nos muestra una cara muy conocida de los días fríos donde, la excusa perfecta para recordarse, es aventurado en algún autobús con un destino incierto entre los pies, las manos congeladas, los audífonos a todo volumen e inmersos en medio de la huella más remota de un suburbio como lo puede ser una ciudad que todo escuche y conozca. Donde ya de camino, las luces cautelosas de una patrulla, el aliento criminal de la nostalgia vista como un espectro en la ventana, son las visiones simbólicas de los cuerpos siendo desplazados, mientras acurrucan la sombra en los rostros e inculpan, con el peso de los nombres pasados a la existencia. Levitado, en un sereno arrullo, ahí, Muertxs se vuelve un instante, Pan un intruso familiar que se presenta sin aviso, Flores, una narración metamórfica (que además, recuerda al grande José Alfredo Jiménez por su inicio vocálico). Espíritus se siente otredad. Danza, como una libertad.

Las letras, junto al ritmo, son uno de los aspectos más curiosos a revelar de forma muy personal. Se nota la sinceridad de los conceptos, la búsqueda del juego entre palabras que hacen uso del imaginario como un paraíso artificial donde el cielo, un sitio en transición deshojado por etapas, puede interpretarse como una respuesta que no busca pregunta, como el tópico parabólico que trasciende luego de los dieciséis minutos con treinta y ocho segundos de duración. Pudiendo localizarse como elemento vital al borde de la vida, el desuso en el recuerdo se toma como una invitación para auto canibalizarse en el vicio de la música, en el concretismo espacial del silencio que queda en todo final. Cada rola, muy a su modo, es una ráfaga de espacios que se completa con cada repetición, haciendo hincapié en la mortalidad que nos rodea y nos repite que nada perdura como lo quisiéramos.

 

 

Al final, la evolución que el sonido toma entre las partes causales, es contrastante. Yo, más allá de ser un escucha, no soy un experto en nada, pasar de SOL a RE es una odisea que conozco muy vagamente. Pero si de algo puedo estar seguro, aclarándome ante usted, lector, es de lo inquietante (en el buen sentido) que es pensar la creación a través de los sentidos, en el intento de compartirse, de perderle el miedo al ridículo y a las entrañas para deformar, reformar o buscar reinventar las inquietudes que de tiempo en tiempo nacen. Pues cada uno, a partir de sus propias expresiones y experiencias, de animarse a escuchar el gran empeño de este soundtrack minimalista, tendrá de donde elegir para posicionar su propia muerte.

Opcional: Como alguien muy ingenuo y curioso que encuentra esas primeras canciones en el espacio ciber-infinito de códigos binarios, como alguien que se emociona al pensarse en el café de Burbujas (actualmente, la canción más conocida de Yoni en las distintas plataformas), de todo corazón le recomiendo que venga, vaya y viva, porque vida, casi siempre sólo es una, y jamás sabremos “¿qué se siente morir?”.

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