Fuegos a Santa Vicenta Por Francisco Márquez

Los Lares están casi olvidados en nuestros tiempos, estos espíritus protectores han cuidado desde la antigüedad a las cosas importantes; cuidaban las cosas públicas, pero sobre todo las familiares. Unos en el hogar al lado del fuego de la cocina para que no falte pan, algunos en la entrada de las ciudades para que las custodien y otros en los cruces de los caminos para que protejan a quienes los transitan.

Aunque con otros nombres, los Lares romanos que ya eran herederos de espíritus ancestrales, transmutaron en Santos Patronos protectores en la cristiandad. Y los huecos para colocar sus ofrendas se convirtieron en nichos y hornacinas, pequeñas capillas o ermitas. Estos protectores comenzaron a custodiar ciudades, barrios, gremios y domicilios particulares.

Los Lares de los cruces de caminos y las encrucijadas eran una roca a manera de lápida con una inscripción que recordaba a quién estaba dedicado; con el tiempo fueron sustituidos por las paradas que conducen a Lugares Santos.

En nuestras ciudades y barrios hemos olvidado que, muchas veces, de esos Patronos les viene el nombre, y tenerlos presentes nos recuerda una raíz muy anclada en la tradición, que no por eso en la religiosidad. Nos reconocemos en los espacios que nos rodean y en las personas que nos rodean y, por qué no, en los Lares que nos protegen.

De camino a Fuente Vaqueros, en Granada, España, está un nicho con una figura de Vicente Ferrer, un santo cristiano de Valencia, al que se le atribuyen, entre otras cosas, obrar milagros con levantar solo un dedo y también promover intensamente en su prédica el antisemitismo en la región, que terminaría en una oleada violenta en contra de los habitantes del barrio judío.

Por fortuna ese Lar de Fuente Vaqueros, recuerda más bien a Doña Vicenta Lorca Romero, maestra del parvulario de niñas, lectora de los clásicos como Víctor Hugo y madre de Federico García Lorca. La Huerta de San Vicente, fue llamada así cuando el esposo de Doña Vicenta compró la finca en la comarca de la Vega de Granada.

Cada 5 de junio el mundo debería encender fuegos a Santa Vicenta, no por devoción a la cristiandad, sino porque podríamos dedicarlo a Federico García Lorca, que nació un día como ése en el año de 1898.

Ese día, a forma de plegaria recitar uno de sus poemas, como el “Soneto de la dulce queja” que comienza:

Tengo miedo a perder la maravilla

de tus ojos de estatua y el acento

que de noche me pone en la mejilla

la solitaria rosa de tu aliento.

Nunca olvidemos que Lorca no murió, lo mataron, ocultos por la villanía y en las sombras, la madrugada de un día del verano de 1936, en la alborada de la Guerra Civil Española. Había vuelto a Granada para los festejos de San Federico, su Santo Patrono y protector.

Además de sus poemas y obras dramatúrgicas magistrales, a Lorca lo recuerdo en el valor de vivir con lo que se es y de morir por ello.

Aprendamos de Lorca que no hay que confiar nunca en alguien que tiene tintes fascistas, por muy amigo nuestro que sea; nunca aceptar cuando alguien ofrece de manera apremiante “café, mucho café”; ni tampoco confiar demasiado en que por ser quien somos, los Lares cuidarán todos nuestros pasos.

Después del exilio en Nueva York, tras la muerte de su hijo, Doña Vicenta no volverá nunca a Granada. Nunca he estado ahí, pero uno también viaja a través de los ojos de otros, a través de personas queridas que lo ven y lo cuentan. Nunca identificaron los restos de Lorca ni con certeza su paradero. Ahí, en camino a camino de Víznar a Alfacar, en el lugar destinado a la memoria histórica "por todos los que murieron”, se erige un monolito, como los dedicados a los antiguos Lares cuya inscripción dice: “Lorca eran todos”.

Yo lo habría hecho a manera de cippuma romana, con la inscripción S.T.T.L. (Sit tibi terra levis), o como en las elegias de Albio Tibulo (siglo I a.C.) “y marchándose dirá: que descanses bien y con tranquilidad, y que la tierra te sea ligera sobre los huesos, bien resguardada”.

Que el patronazgo de Santa Vicenta y de Lorca nos cuide siempre de las “extremas”, nos proteja de los nacionalismos sospechosos y nos abra los ojos para nunca confiar en “amigos” con filias conservadoras.

Recomendaciones

Para leer:

“La casa de Bernarda Alba”, obra teatral escrita en 1936, que, sin embargo, no fue publicada ni estrenada hasta 1945. Elocuente leer y reflexionar sobre las sociedades tradicionalistas en tiempos libertad sobre la sexualidad, represión y ejercicio del poder.

Para ver:

“La novia” (España 2015) una película dirigida por Paula Ortiz. Una libre adaptación de la obra “Bodas de Sangre” de García Lorca y con varios premios, entre ellos los Goya.

Por su parte “Bodas de Sangre” (1931 y estrenada en 1933) fue inspirada por una historia real, que apareció en los diarios de España. De la tragedia ocurrida 1928 en Níjar (Almería), en el Cortijo del Fraile, surgiría también la obra "Puñal de claveles" (1931) de Carmen de Burgos.

“Déle café, mucho café” fue la orden cifrada de matar a Lorca a la brevedad, según sus biógrafos. Tengamos presente que la vida le fue arrancada a Lorca por una ultra derecha que no soporta que el Otro exista.

Francisco Márquez vive en Guanajuato, México / Realizó estudios en arte y administración. Especialista en gestión cultural. Amante del arte, la arquitectura y el diseño de interiores. En busca de los objetos singulares. Doctorando de Artes por la Universidad de Guanajuato.

Revisado por: María del Socorro Márquez González

 

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