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Ookami kodomo no ame to Yuki “La sonrisa de una madre” Por Eréndira López de Flámina Films

El cine siempre nos hace adentrarnos a su maravilloso mundo, nos hace identificarnos con las historias que se nos narran con detalle. Y eso es una de las experiencias más preciosas que existen. Hoy me toca hablar de una de las cintas que más he amado en los tiempos modernos, una de esas joyas animadas que nos vuelve a traer el cine japonés para poder deleitarnos y aventurarnos en una hermosa odisea.

Ookami kodomo no ame to Yuki o, mejor conocida por nuestros lados, Wolf Children, es un filme de origen japonés estrenado en 2012, el cual llego a salas latinoamericanas en el año 2013. Es uno de los grandes trabajos de Mamoru Hosoda cuyo nombre seguramente resultara muy familiar para los fanáticos más aguerridos de la franquicia anime “Digimon”

La cinta nos narra la historia de amor de Hanna y Ookami, Hana es una universitaria que se enamora de uno de los últimos Hombres Lobo japoneses.  Sin embargo, a pesar de haber pasado mucho tiempo de felicidad junto a sus recién nacidos hijos Ame y Yuki, debido a crueles giros del destino Hana termina por quedarse sola a cargo de los dos pequeños niños lobo, quienes sin duda serán un desafío completo para Hanna.

Es realmente precioso en todos los sentidos, pues además de contar con una historia preciosa que seguramente hará sacar una que otra lágrima al espectador, cuenta con un apartado visual precioso, con una animación completamente maravillosa donde se puede notar enormemente el detalle en cada escena y personaje de la cinta por lo cual seguramente te hará mirar de reojo más de una escena. Y es que esto es algo en lo que se siempre se han lucido el estudio Madhouse y Hosoda, ya que anteriormente nos han regalado otras joyas de esta magnitud, siendo un ejemplo conciso de esto “La chica que viajaba a través del tiempo”.

La cinta es magnifica de inicio a final y es que lo que uno puede amar más de Ookami kodomo no ame to Yuki es como la simpleza de su argumento nos hace sentirnos atrapados, como terminamos encariñándonos con Hanna en todos los aspectos, pues a pesar de que existen muchas escenas de los niños, Hanna es quien termina robándose la atención del público. Y es que como no hacerlo muchas de las escenas icónicas de la película suceden con ella a cargo, ya sea aquella escena de declaración de amor así como revelación de la identidad de Ookami como lobo, o en donde vemos los primeros pasos de Hanna como madre. Siendo éstas las más representativas de la cinta, donde podemos ver como es un trabajo enorme para Hanna poder cuidar a dos pequeños lobos.

La parte que más resalta y mejor maneja la película bajo mi propia perspectiva, es la parte de ser madre, lo que significa, el peso que conlleva así como la responsabilidad. Hanna se ve en la ardua tarea de llevar la crianza de ambos pequeños a muy temprana edad y es algo que te termina enamorando de ella, que a pesar de sus fallos y desgastes siempre mantenga esa sonrisa, el como después de perder a Ookami de manera tan prematura, decida seguir adelante, decida siempre luchar y esforzarse por cuidar a sus hijos, quienes son lo que más ama. Y es que la película nos lleva por esta ruta, la ruta familiar que llega hasta el punto en que los pequeños dejan el nido y emprenden su propio vuelo, o mejor dicho en estos casos, sus propias huellas.

Es ahí donde se encuentra la belleza del filme, en donde te hace disfrutar de cada momento, sufres con las escenas donde Hanna sufre, pero al mismo tiempo terminas admirándola, pues Hanna siempre mantiene una sonrisa firme ante cualquier adversidad que se le sea presentada, cosa que llegan a recalcarle muchos de los personajes dentro de la trama, preguntándose siempre cómo es que Hanna mantiene esa sonrisa sabiendo que las cosas quizás no marchan del todo bien, es una de las escenas más hermosas cuando está aprende a cosechar, donde comienza a sembrar papas con la intensión de mantener a su familia.

No podemos dejar de lado lo hermoso que es ver crecer a Ame y a Yuki, como pasan de ser pequeños y adorables niños lobo a unos semi adultos, puesto que debido a las características de los lobos japoneses, una vez alcanzada cierta edad deben encontrar su propio camino. Y es curioso ver el contraste de personalidades de los niños, al comienzo Ame un pequeño niño tímido y reservado en comparación a Yuki quien es una niña muy animada, divertida así como hiperactiva, para finalmente terminar con Ame siendo ahora un amante extremo de la naturaleza decidiendo pasar el resto de sus días como lobo y Yuuki ahora como una preciosa joven que decidió continuar con su vida humana.

La escena final termina rompiéndote de cierta manera, pero también reflejando lo que les ocurre a todos los padres alguna vez: cuando los pequeños crecen y toman su propio camino. Es ahí donde el desarrollo de Hanna culmina, donde puede ver al fin que pudo cumplir su mayor deseo así como el deseo de Ookami, ver a sus hijos tomar su propio camino. Y es que cómo no llorar cuando esto se vuelve realidad, cuando en los sueños de Hanna podemos ver la felicidad de Ookami y la de ella reflejadas. Ella siempre supo que sería una tarea difícil, más aún explorando términos desconocidos como lo era la especie de hombres lobos.

La magia de Ookami kodomo no ame to Yuki se encuentra en esta temática familiar tan hermosa, está historia tan bella y simple, llena de fantasía así como mucha realidad. Es por lo que se ha convertido en uno de los filmes animados que siempre estarán de ley en recomendación. Puesto que como no sentirse encontrado con una historia así de bella, donde lo único que siempre estará presente es aquella bella sonrisa de una madre.

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