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“YO CONFIESO”: LA OBRA MÁS SUBESTIMADA Y OLVIDADA DE ALFRED HITCHCOCK. Por Clara Morelos de Flámina Films

La silueta de un gran edificio y una estatua. Un hombre caminando, tomas de diferentes lugares y espacios. Y sobre todo, direcciones que nos guían hasta observar a un hombre yaciendo sobre el piso de su sala, muerto, mientras se escucha el tintineo, de suave movimiento de una cortina de tiras, dando a entender que alguien ha pasado por allí y que; por consiguiente, todo se trata de un asesinato. Toma más fuerza este hecho cuando se ve a una persona saliendo de la vivienda, un hombre vestido con una sotana de sacerdote; así comienza la obra más subestimada y olvidada de Alfred Hitchcock.

Cuando hablamos de este director, se nos viene a la mente sus películas más famosas: Psicosis (1960), La Ventana Indiscreta (1954) o Los Pájaros (1963). Pero entre sus obras que lo catapultaron como el maestro del suspenso, se esconde la película de la que se hablará hoy, Yo Confieso (1953).

En sí, no se puede considerar una película 100% de suspenso por el arco que se va construyendo a lo largo de la historia, la trama que con el pasar del tiempo, flaquea y que por ello muchos dicen que no fue un éxito comercial, ni un clásico imperdible o la mejor película de este recordado director.

La historia gira en torno a un sacerdote llamado Michael Logan que escucha la terrible confesión de su ayudante en la rectoría, Keller; ha matado a su otro jefe, Vilette, un señor para quién trabajaba como jardinero a tiempo parcial. Con palabras emitidas a través de una voz dolorosa, le hace ver al padre su lastimosa situación económica que enfrenta con su esposa (siendo parte de la razón por la que lo asesinó) y la desesperanza que lo consume al aceptar que nadie lo puede ayudar por lo que ha hecho. Desde aquí, se nota la contradicción de los pensamientos y acciones de este personaje. Porque si retrocedemos un poco, el hombre que iba saliendo estaba vestido de sacerdote (y nótese, conforme va caminando por las calles, se quita la sotana), era el mismo Keller, dándonos a entender sus verdaderas intenciones a la hora que termina su confesión.

Pero muchas pueden ser las impresiones del inicio de la película; tal vez entró por ninguna razón exacta a la iglesia, pero vio una gran oportunidad en la presencia del padre Logan ofreciéndole su ayuda y después una invitación al confesionario, decisión que lleva a ser el padre el perfecto candidato a ser culpable del asesinato y por consiguiente, ser odiado por todo el pueblo.

Siguiendo el reglamento que juró no romper, el protagonista se ve obligado a no decir ni hacer insinuaciones de la verdad que escuchó, a la vez que el verdadero asesino le hace preguntas desesperadas y en secreto, temiendo por su propia seguridad, hasta casi hacer prometer al sacerdote que no diga nada, puesto que de lo contrario, estaría rompiendo los reglamentos del sacerdocio y sus principios. Pero este mismo secreto lo ata de todas las maneras posibles, ¿Seguir o no su honor? ¿Enfrentar su miedo natural? ¿Ver primero por él y hacer justicia, esa justicia que se ejerce en vida y no por gracia divina, y decir toda la verdad ante los tribunales, ante la gente que lo odia? Esta es la principal razón para seguir viéndola y no detenerse.

Hay muchos elementos que lo hacen una película más allá de lo pasable, una película digna de ser vista; antes de ordenarse sacerdote, el protagonista interpretado por Montgomery Clift, tuvo un idilio con Ruth Grandfort (Anne Baxter). Su historia en un punto, comparte una conexión con la victima de asesinato que hace creer al inspector Larrie (Karl Malden), quién está a cargo del caso, que ellos dos lo asesinaron con tal de librarse de ser expuestos por Valiet por su romance ante el esposo de la señora luego de haberlos encontrado cerca de una de sus viviendas en el campo. Para ser contado este romance, se utilizó la voz en off de la actriz mientras se presentan los flashbacks con esos aires de romanticismo e ilusión.

Las actuaciones se han considerado todo el tiempo a la altura, sobre todo la actuación de Clift, uno de los primeros actores que ejerció el famoso “Método”, una técnica actoral basada en actuaciones sinceras y naturales. En esta película se puede notar en el actor, a través de su interpretación, un tipo de indicio de las emociones que posee pero manteniendo la serenidad. Sin embargo, él no fue ni de chiste la primera opción de Hitchcock para interpretar a Michael Logan; lo fue Cary Grant pero este al final se negó. Además de esto, a Hitchcock le irritaba su estilo de actuación y la enorme disciplina que tenía para cada escena. En cuanto a la protagonista femenina, el director contrató a Anita Björk después de verla en Miss Julie, pero cuando llegó a Hollywood acompañada de su amante y bebé, los ejecutivos de Warner Bros convencieron al director en que buscara a otra actriz. A pesar de tales cosas, como he mencionado ya antes, se ha dicho desde su estreno hasta ahora que las actuaciones fueron geniales y significativas, con un toque melodramático, sereno y contribuyendo a que se creara tensión durante la mayor parte del tiempo en la película.

Esta película está basada en la obra de Paul Anthelme escrita en 1902, llamada “Nuestras dos conciencias”. La construcción del guión fue bastante larga y hasta con doce personas trabajando en ella, pero al último modificado por la insistencia de Warner Bros pensando que, si seguía al pie de la letra el final de la obra original, no tendría buenas reacciones por parte del público. Además, fue grabada en Nueva Orleans y en Quebec, Canadá puesto que además de ser una de las ciudades franco-americanas, allí era el único país de América del Norte en donde los sacerdotes seguían usando sotana. Las grabaciones iniciaron en Agosto y terminaron en Octubre de 1952.

La mayoría del público y la prensa recibieron esta película con negatividad. Se viò desde que expresaron que era toda una ridiculez y que ningún hombre se quedaría callado y sacrificaría su vida, hasta decir que carecía de suspenso y una buena trama, en comparación con otras obras de este gran director.

 

Y su mejor punto fue en la primera hora de la película. Después, en las escenas posteriores a los flashback y la búsqueda del culpable y las interrogaciones del inspector al sacerdote, se ve un poco aburrido y tedioso. Cuando ví está película mis emociones y reacciones no fueron así, puesto que considero que se le debe de tomar un sentido positivo a cada escena que para muchos no es buena, a menos de que no se le pueda salvar ni un poco. Durante el juicio y la salida del sacerdote a la calle donde se encuentra mucha gente que de repente le grita y se lanza sobre él con intenciones violentas, se puede observar la reacción del personaje, consumiéndose por dentro y haciendo que el espectador aun mantenga la esperanza de que se puede descubrir la verdad para que todos caigan en cuenta de que estaban equivocados.

 

Cada escena esconde un significado en los detalles, (se puede apreciar uno de estos, cuando el protagonista deambula por las calles sabiendo que seguramente lo están buscando; y de repente, ve en un aparador un traje. Aquí se puede interpretar como el deseo de que su realidad fuera otra y que todo sería diferente si él estuviera usando un traje normal, o bien se puede interpretar que en sus pensamientos podría comprarlo y escapar), lo que hace que se siga manteniendo la intriga de lo que podría suceder. Muchas o pocas cosas pueden rescatarse de esta película que ni siquiera fue parte de las favoritas de Hitchcock, pero que sin duda es una historia adelantada a su época.

Hasta aquí termino este artículo, invitándolos a ver esta obra para descubrir a diferentes actores que no se mencionan a menudo a comparaciones de otros de la época y para que la puedan disfrutar, aunque haya muchísimas y diferentes opiniones de ella, descubriendo así otra película que por desgracia tiene algo en particular; ser la más subestimada de Alfred Hitchcock.

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