Kijote Kathakali: de vuelta al mito Por Alberto Castañeda

Hace poco una amiga me dijo:

—Si hubiera un apocalipsis, ¿a qué personas salvarías?

Discurrieron varias profesiones en nuestra discusión: científicos, maestros, sociólogos, médicos… pero entre todos esos nombres comprendimos que existía alguien que era imprescindible: la persona que se encargaría de contar las historias todas las noches frente al fuego, porque frente al fuego nacieron los mitos y aún rigen nuestro mundo.

Cuando hablo del mito no hablo de esa definición peyorativa asociada con la mentira que generaron los discursos cientificistas que presuponen verdades a partir de una metodología. Hablo de cuando se formó el mundo y alguien tuvo que contarlo. El mito no depende de una racionalidad especulativa. Depende de comprender el ritmo del mundo fluyendo. Ahí en el fuego los primeros humanos se hicieron humanos, siempre a la sombra de titanes, de dioses benévolos o malignos; que hacían la guerra con gigantes y fuerzas naturales. Nacieron en el fuego, luego a ese fuego le llamamos escena.

Cuando estás en presencia del Kathakali logras presenciar a los dioses: cada gesto, cada tela, cada paso parece encontrarse fuera de este mundo. Ésta no es cualquier danza, son los pasos vivos de los dioses, los primeros pasos humanos. Cuando la veía me regocijaba y no sabía el porqué en ese momento. Tal vez porque me había alejado del fuego por mucho tiempo, porque ya no he visitado a esos indispensables hombres que narran los pasajes de los dioses en este mundo.

Kijote Kathakali es un romance entre hombres y dioses, en particular el hombre que decidió ser Dios-Quijote y andar por el mundo protegiendo al desvalido. Pero este Dios cae, porque también es imperfecto. Cuando cae, el hombre lo levanta, cuando despierta se mira al espejo y es hombre también. El Dios-Quijote no sólo es una historia de la modernidad; es una historia que también cuenta cómo los dioses convivieron con nosotros  y, al igual que nosotros, también se enamoraron, rieron, bebieron y fueron heridos.

Frente al fuego hay misterio; el fuego ilumina de una manera irregular, nunca alcanza los rincones, siempre hay huecos de luz, pero es lo suficientemente fuerte para iluminar las caras y poder verlas danzar. Así en la escena existía una manta que cubría el inicio de la siguiente recordándonos que existe algo que no se nos permite ver por nuestra condición mortal. Aun así la manta se descubría para provocarnos ese resplandor que sólo los dioses provocan con su presencia, presencia siempre misteriosa. Cuando puedes ver el Kathakali nunca presencias todo, solo los orígenes del todo.

Cuando quiero hablar del Kijote Kathakali las palabras se me escapan. Pido disculpas si llegaste a este texto esperando escuchar la historia del Dios-Quijote, pero sólo puedo hablar del fuego en el que presencié un ligero atisbo de los orígenes del todo. Como el Dios-Quijote que negó sus libros de caballería y se unió al gran libro del universo. Pido disculpas si no pude contarte una historia, tal vez no soy de los hombres que contaban historias en el fuego cuando nació la humanidad.

Compañía Margi Kathakali
Kijote Kathakali
26 y 27 de octubre de 2018
Teatro Cervantes

Fotografía: Claudia Reyes Ruiz (Cortesía FIC)

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