Un grito eslavo por David Mondragón

Fotografía: Carlos Alvar (cortesía FIC)

No hay nada más punk que dejar el ostentoso escenario para tocar y bailar junto a un público enloquecido por los vientos caóticos de las trompetas que insuflan libertad. Una escalera de tijera al centro de la multitud sostiene en el pico al vocalista Mark Marczyk, mientras su tropa de músicos lo rodea debajo, como un baluarte que defiende, a través de sus letras, las luchas sociales, los conflictos políticos y los movimientos de protesta ante un mundo cruel y totalitario.

Aunque Toronto vio nacer y crecer a Mark, las raíces de su sangre se hunden profundamente en Ucrania. Impulsado por ese linaje, emprendió múltiples viajes de retorno para descifrar su herencia ancestral y las cicatrices de su historia política. Atestiguando de cerca las llamas de la Revolución de Maidán.

Esa experiencia visceral no tardó en transformarse en arte y trinchera. De aquel fuego colectivo nació Moorka (2015) y la obra de teatro-cena Counting Sheep (2015), proyectos donde el dolor, la furia y la esperanza del movimiento de Euromaidán dejan de ser simples noticias internacionales para convertirse en un grito de guerra que desafía al poder, una evolución sonora que encuentra su manifiesto en su álbum Cuckoo (2024).

Con esta propuesta es como llega la banda Lemon Bucket Orkestra a la Alhóndiga de Granaditas en el marco del 54 Festival Internacional Cervantino, marcando su música con un ritmo eslavo que recupera y transforma canciones tradicionales de Europa del Este -ucranianas, balcánicas y gitanas-, integrando historias de amor y añoranza a través de una mezcla de corrientes modernas, como el ska, el punk, el jazz e incluso ritmos de cumbia.

Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)

En pleno concierto, la música cedió para honrar un instante a Ucrania y a su resistencia, en un acto solemne y cercano, Mark enunció unas palabra en español para invitar a los presentes a «tomar un trago por el amor y la paz». Este suceso generó una complicidad entre banda y público, uniéndolos en una energía compartida de improvisación y coreografías. Si hubieran sabido que en México se arma un slam vertiginoso y violento cuando la rola lo pide, no se habrían limitado a pedir un paso a la izquierda y uno a la derecha. Aunque, ciertamente, esta generación ya no es la del siglo anterior…

El llamado bajaba del baluarte hacia la masa, “baila, baila, baila», los cuerpos respondieron acelerándose. Esta noche, la audiencia cosmopolita dejó de serlo para formar un sólo pueblo; uno utópico y anárquico que levantó los puños al cielo para exigir lo que aquellos no pudieron. No solo es Ucrania.

Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)

Lemon Bucket Orkestra
16 de octubre de 2026
Explanada de la Alhóndiga

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