Calma para surcar el cielo por Joan Carel

Fotografía: Ariel Ojeda (cortesía)
Fotografía: Ariel Ojeda (cortesía)

¿Alguna vez te has sentido parte del cielo, acaso una nube?

Luego de un ventarrón nocturno, feroz y helado, el día parece saber que necesita convertirse en cómplice para atravesar el firmamento. Con ese azul tan profundo de los paisajes de Guanajuato, el sol de mediodía se posiciona en lo alto del 54º Festival Internacional Cervantino, cubierto por un manto ligerísimo de nubes que se deslizan como las mismas olas de un mar sereno.

Tres artistas de RoZéO, espectáculo de la compañía circense Gratte Ciel (Francia), escalan más de cinco metros en unas varillas metálicas, de las cuales oscilarán sus cuerpos entre acrobacias y con el pleno control de su fuerza muscular.

Un instante es suficiente para adentrarse en el asombro cuando sueltan sus faldas de color índigo, enredadas segundos antes en sus talles. En tan solo un parpadeo, el vestuario, fascinante por su amplitud, los transforma en seres oníricos y legendarios, navegantes del céfiro.

Fotografía: Ariel Ojeda (cortesía)

Cierran los ojos y una mujer (Pauline Frémeau) se posiciona en la Plaza Allende para acompañar, con voz y música diversa, el movimiento de los personajes (Danilo de Campos Pacheco, Amélie Kourim y Claire Chastaing). El susurro, viento interno, discurre y se mezcla con otros sonidos, como un conjuro enigmático que captura la vista y la escucha.

Con los pies sobre la tierra, un hombre mayor, quizá un pastor, les proporciona varas y el performance se transforma en una iniciación de guerreros, un aquelarre, un ritual de sacerdotisas tal vez.

Fotografía: Ariel Ojeda (cortesía)

Infinitud y aproximación a lo intangible. En el vaivén, los brazos se extienden en un dibujo poético y persiguen algo inalcanzable, mas la búsqueda es el fin en sí misma y, mientras tanto, la realidad del espacio sigue su curso con aves y mariposas que se suman a la danza.

“Yo respiro y vivo, soy una simple parte de la naturaleza, de la materia invisible e impalpable”, recita la voz en francés e invita a la audiencia a sentarse en el interior de la explanada, entre el sonido de los tambores y justo debajo del encanto.

Velos transparentes y extensos permiten que los tres personajes se compenetren con el viento, las nubes y el cielo, que sus cuerpos, y el espíritu de quienes contemplan, exploren el horizonte acompañados por aquel susurro casi imperceptible, pero que todo lo llena: una fina respiración, profunda y en calma.

Fotografía: Gabriel Morales (cortesía FIC)

Lo que vemos y no podemos ver en esta instalación de paisaje, lo que sentimos, como la caricia del viento en la piel, enfatiza la mujer guía, exhortando a atesorar las sensaciones únicas del entorno y la naturaleza en cada función del espectáculo.

Aquí abajo, con mis pies puestos en tierra y ante la inmensa sensación del universo, descubro la absoluta belleza de la pequeñez de mi ser. En esta tranquila tarde de sábado, fui parte del cielo al menos por una vez.

RoZéO
Gratte Ciel
17 y 18 de octubre de 2026
Plaza Allende

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