PICNIC AT HANGING ROCK: UNA ODA A LA ESTETICA CINEMATOGRAFICA Y LA BELLEZA DEL MISTERIO. Por: Clara Morelos, de Flámina Films.

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Bien se ha dicho que el séptimo arte es, indudablemente, un conjunto de expresiones maravillosas que se transmiten al público diferentes emociones a causa de las principales características que se pueden apreciar; desde la música, el ambiente, hasta la manera de moverse de los actores. Esta película influyó en el auge del cine australiano y se ha convertido en un icono popular gracias a las particularidades de la misma.

Se puede comenzar este articulo mencionando el inicio de esta historia. Esta inquietante y cautivadora historia comenzó con un presunto sueño que tuvo la escritora; un grupo de muchachitas, sintiendo el cambio de la niñez a la adolescencia, organizan un picnic el día de San Valentín de 1900, a formación geológica local de nombre Hanging Rock. Eran unas estudiantes de una excelentísima institución para niñas y quizá, gracias al producto de su ardua dedicación, el evento se convierte en un tipo de premio. Pero esto termina acabando con extraños sucesos que le siguen a la misteriosa desaparición de cuatro de las muchachas junto con una de las maestras.

El sueño se convirtió en una novela, en un titulo agregado a la lista de las obras de la escritora. Pero ella recibió un consejo; “no publiques el capítulo 18”. Se acató la petición, dejando la novela en un final misterioso que da lugar a dudas, junto con una sensación de vacío entre cada uno de los espectadores.

La idea, de igual manera, se basó en las experiencias de la autora en el instituto de East St. Kilda, pero todo ello bastó para que se tuviera un buen recibimiento por parte de la crítica, aunque la historia se convirtió en un indudable icono cuando pasó a las salas de cine, gracias al director australiano Peter Weir.

Corría el mes de febrero de 1975 cuando comenzaron las filmaciones. La película sería protagonizada por Anne-Louise Lambert, Rachel Roberts, Vivien Gray entre otras talentosas actrices y actores. El guión y la producción estarían al mando de Cliff Green, Hal y Jim McElroy, estos dos últimos invitados por Peter Weir. La idea de que se produjese con la promesa de que sería un éxito, fue gracias a Patricia Lovell y Philip Adams, que la alentó a comenzar con el proyecto.

Con tal de darse un aire de impresionismo a la atmosfera y los lugares de la película, el equipo de producción se inspiró en el director David Hamilton, colocando diferentes tipos de velos sobre el lente de las cámaras para crear un aspecto un tanto romántico y de ensueño.

En cuanto a la música, piezas clásicas de grandes compositores como Bach y Beethoven, además de derivaciones de piezas de flauta de pan rumana, son las que se introdujeron en la película para completar la obra de manera maravillosa, siendo así que juntando cada característica de la película, se puede apreciar tal como un cuadro, que encierra en sí un misterio tan grande y una atracción un tanto peculiar.

La película tuvo tanto buenas como malas críticas, estas últimas dando a conocer la negatividad sobre el final de la película; “Hubo alguien arrojó su taza de café a la pantalla al final de la misma, ¡porque había desperdiciado dos horas de su vida viendo un misterio sin una maldita solución!” declaró Weir en cierta ocasión, refiriéndose a un distribuidor una vez que la película se estrenó en Estados Unidos. Aun así, la película es una de las más queridas dentro del cine australiano, es”una película de misterio inquietante e histeria sexual enterrada” según las palabras del crítico estadounidense, Robert Eger, siendo también que se ha convertido en un completo símbolo artístico y una majestuosa obra cinematográfica que ha estado vigente en cuanto a una buena aceptación hasta nuestras fechas.

Las actuaciones, junto con la esencia de cada personaje que se mantiene al margen sin alterar la idea de la historia y la interpretación que se le quiere dar, completaron esa colaboración en la exquisita atmosfera que se le dio a la película, con un final abierto para alterar las emociones y dejando con varias incógnitas al público, gracias a la omisión del dichoso capítulo 18, a pesar de que este mismo fue publicado póstumamente en una obra independiente, en el año 1987, según los deseos de la escritora y creadora de esta maravillosa obra.

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